"La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo." Isadora Duncan

"Estoy convencido que uno de los tesoros que guardan los años es la dicha de ser abuelo"
Abel Pérez Rojas

Te quiero

Te quiero

"No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela." Albert Einstein

viernes, 6 de febrero de 2009

Locoloco en la huerta de las lechugas (III)

Después que la mariposa Dori de despidiera de Locoloco y Gusi a finales del verano, ellos quedaban para jugar juntos un rato en la magnífica huerta. Empezaba el mes de Octubre recién terminado el verano. Los rayos del sol menos agresivos y la brisa suave invitaban a corretear entre las lechugas y los tomates.
Gusi se acercó a los pies del manzano y llamó a gritos a Locoloco. “Baja y no seas dormilón, hace un día precioso” Nuestro amiguito que aún no se había despertado, estiró su arrugado cuerpo, bostezó y acres esperar demasiado bajo a toda prisa junto a su amigo Gusi. Su madre le había dicho que comiera un poco de las manzanas, pero el le respondió que ya desayunaría algo en la huerta de las verduras. “Adiós mamá no te preocupes que tendremos cuidado”. Su papá que seguía dormitando mientras se columpiaba en una hoja, ni se dio cuenta que su hijo había abandonado el árbol.
“A que viene tanta prisa Gusi? ¿Se te ha ocurrido algo genial para hoy?” Preguntó Locoloco. “Me parece que vienes con muchas prisas esta mañana” Gusi le comentó que al ver el día tan bonito sin una nube le había sugerido darse una vuelta por las ricas lechugas. Y jugar al sube y baja por los tomates que huelen tan bien. Y sin pensarlo ni un segundo más empezaron a caminar sobre la suave hierba que cubría el campo. Les costaba más trabajo deslizarse por ahí, pero por el camino resultaba peligroso, por el paso de los tractores y las personas que los podía aplastar. Utilizaron unos juncos como toboganes y se deslizaron varias veces antes de proseguir el camino. Llegados a un tronco vislumbraron la huerta pero se dieron cuenta que el tronco era en sus entrañas un enorme hormiguero. “Vámonos de aquí, me dan miedo las hormigas” dijo Locoloco. Eran unas enormes hormigas rojas que iban i venían cargando comida, trozos de pan, insectos, verdura, fruta todo lo que era comestible lo almacenaban para tener comida durante todo el invierno. Mientras intentaban desaparecer sin ser vistos una hormiga les descubrió, y avisó a sus compañeras de los dos enormes gusanos que estaban en el tronco eran comestibles. Gusi se echó a temblar de miedo y echó a correr invitando a Locoloco hacer lo mismo. “Corre que si nos pillan no volveremos a ver más a nuestros papás “ Corre que te corre, casi no podían ni respirar se escondieron debajo de una hojarasca y por allí consiguieron despistar al ejército de hormigas que les seguía. Llegaron a la huerta y se introdujeron en la primera lechuga que apareció ante sus ojos.
“Ufff... menos mal que las hemos despistado, menudo susto” dijo Locoloco. “Ahora podemos descansar un rato mientras nos comemos unas cuantas hojas tiernas de esta lechuga, tengo un hambre” Gusi le dijo que en cuanto descansaran volverían a casa. No había sido una buena alejarse tanto. De repente notaron que la lechuga qué estaban mordisqueando se movía. Sintieron mucho miedo mientras se preguntaban que podía ser ese terremoto. Estaba un poco oscuro y parece que se movían algo menos. Cuando volvieron a ver la luz descubrieron asombrados que habían estado metidos en una bolsa junto con varias lechugas más y ahora se encontraban en la cocina de la granja. Desde la encimera a través de la ventana veía Locoloco su casa, su manzano. De nuevo las hojas de lechuga empezaron a moverse y encontraron en pocos segundos dentro de la pila de la cocina y con el agua hasta el cuello, porque la dueña se puso a lavar las lechugas.
Gusi antes de caer consiguió agarrarse a la ventana, mientras Locoloco iba de camino a la mesa en una ensaladera. “Si no consigo salir de aquí me comerán de un bocado” pensó. Por más que quería trepar se resbalaba de nuevo porque estaba mojado , y se vio dentro de un plato. “Aquí hay un gusano mamá” “Trae dijo la madre, no me di cuenta cuando lavé la lechuga, lo tiraré ahora mismo a la basura, que asco”. No mamá pobrecito, está vivo y es muy bonito exclamó el niño. Lo llevaré al manzano que hay más gusanos, y si seca tal vez sobreviva” “Llévalo deprisa y no tardes dijo la madre y que se enfría tu comida” El niño cogió la hoja con Locoloco dentro y lo llevó hasta el manzano, depositándolo en una manzana mordisqueada. “Aquí estarás bien” le dijo y se marchó corriendo.
Dentro de la manzana encontró al gordito de su padre. ¡¡“Hola papá que alegría me da verte”!! Exclamó Locoloco. “Hola hijo,” ¿vienes de jugar? “Si papá “ ¿has visto a Gusi por aquí? “No hijo pregúntale a tu madre”
Gusi había llegado al árbol minutos antes porque le costó trabajo arrastrarse tan mojado. Contaron a la madre la aventura que habían vivido y lo mal que lo habían pasado. “¡Que bien se está en casa dijo Locoloco suspirando!” Fue una suerte caer en plato de ese niño que le gustan los gusanos. Es la segunda vez que me salva la vida.
Se abrazaron los tres muy contentos y se comieron una manzana roja llenos de alegría.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bienvenido. Gracias por tus palabras , las disfruto a tope y además aprendo.

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry