"La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo." Isadora Duncan

"Estoy convencido que uno de los tesoros que guardan los años es la dicha de ser abuelo"
Abel Pérez Rojas

"No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela." Albert Einstein

martes, 15 de diciembre de 2020

Iluminación navideña 2020

 

                        Calle de Alcalá con la Puerta de Alcalá al fondo

Anoche hice mi recorrido habitual para ver las luces y el ambiente navideño. Vengo haciendo ese recorrido de 12 km.  todos los años y a decir verdad la iluminación de la ciudad está lograda e intenta dar calor al ambiente y sentido festivo, pero yo he percibido una ciudad triste que acompañaba a la perfección mi estado ánimo. ¡Nada a día de hoy es igual!

Las calles, los edificios aparecían sombríos ante mí y los comercios que hace un año lucían sus escaparates vestidos para la ocasión estaban a oscuras o con cerrojazo definitivo. 

                                                               Calle Serrano

Me sentía extraña observando los colores y brillos de las luces en su intento de contagiar  alegría, bellas en sí,  pero ajenas  del verdadero sentir de la Navidad, de aquello que queremos celebrar. 

                                                                 Calle de Alcalá

Ha sido un año muy duro y esto se traduce en cada soplo de aire que inhalamos a través de las imprescindibles mascarillas que ya forman parte de nuestra piel y en esa atmósfera de inseguridad que padecemos  sin vislumbrar una  salida inminente de cara al futuro.

Son muchos los intentos de comprender asimilar esta nueva normalidad de restricciones sin fin tan necesarios,  somos conscientes de que el Covid 19 ha dado al traste con nuestra forma de vida y de relacionarnos. 

                                              Árbol de Navidad en la Puerta de Sol

Y que voy a decir si pienso en lo ausentes y en los que siguen sufriendo las consecuencias de esta  pandemia.

                                                 Pebetero en la Plaza Cibeles 

Pese a ello hubo momentos en los que conseguí desconectar, cerrar los ojos y revivir  recuerdos de tantos años en los que todo era "normal"   Ello me anima  a pensar de que saldremos, claro que sí,  saldremos con sentimientos renovados y ganas de construir un mundo mejor, diferente,  en donde las luces exteriores enciendan la esperanza y la fraternidad en nuestro corazón hacia todo lo que nos rodea. 

                                                Bola Calle Alcalá Gran Vía 

Feliz Navidad

                                                    Belén Comunidad de Madrid

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Las del Pijama Azul (Flora)



Alguien me lo mandó hace tiempo, pero ahora más que nunca es muy actual en todos los sentidos. 
Al menos hace reflexionar sobre todo  en este tinglado que hemos montado en la sociedades modernas donde todo son derechos y no queda lugar  ni tiempo más que para  el estrés y para mirarnos el propio ombligo.
Los  mayores  y no tan mayores estamos siendo aislados  por  el Covid y  este sentimiento de ausencia de los hijos está siendo más duro de lo que parece.  Otros envejecen peor y las cabezas  y la salud no siempre responden causando serios  problemas en la convivencia.  He vivido en primera persona muy de cerca estos pasos pero cuando hay dependencia severa no quedan muchas otras opciones sobre todo cuando tu misma necesitas ya de cuidados o atender diversos frentes.  
Vivir tantos años y no ser conscientes ni del por qué  ni del para qué es desconcertante .

(Flora)

A veces la vida se nubla, los colores se entremezclan y apenas puedo distinguir un día de otro, o un ser de otro. Pienso mucho en mi pasado, ando todo el día revolviendo en mis recuerdos para intentar situar a cada uno en su sitio porque, ha habido momentos en que se me han mezclado y no he sabido tirar del hilo que los unía para deshacer la madeja que, llena de nudos, se me hace imposible manejar.

De normal, la vida es luminosa para mí: el sol que me acaricia sentada en el mismo banco del parque cada mañana; el aroma de las rosas de la terraza; las voces de los niños al entrar o salir del colegio que hay frente a casa; las charlas con las viejas vecinas; el recuerdo del sabor de los platos que yo ya no cocino porque a veces se me va la mano con la sal, o se me pegan las lentejas, las olvido mientras converso con Óscar, el pequeño canario despeluchado que lleva cien años conmigo. Y, sin embargo otras veces, unos negros nubarrones lo ocultan todo a mi vista y me siento como cuando de niña me soltaba de la mano de mi madre en los grandes almacenes. Ese vértigo que da el saberte sola en un lugar extraño y enorme como el mismo mar.

Se me hace raro ver cómo voy perdiendo espacio en mi propia casa, como las cosas cambian de sitio por sí solas, jugando conmigo un escondite incansable que termina por agotarme. Creo que mi familia ha dejado de tenerme en cuenta, con la intención de facilitarme la vida ahora que dicen me hago mayor, no dudan en tomar mis decisiones y organizarme sin preguntar siquiera. Incluso los extraños se creen con derecho a pensar que es lo mejor para mí.

Empezaron mandándome a comer al centro de mayores, yo les digo que el menú es algo aburrido y bastante insípido y ellos contestan que es bueno para el colesterol y la hipertensión. 
Yo protesto porque a veces no me apetece salir de casa e ir hasta el centro, y ellos me callan porque parece ser que para mí es mucho más cómodo. No tengo que cargar con la compra, ni acordarme de la receta del cocido, ni fregar los platos o recoger la cocina, y además ahorro muchísimo. Sigo con mi canción, que a mí me gusta ir a la compra y fregar los platos y recoger la cocina y decidir que quiero comer. Y ellos, que ya no estoy para esos trotes. 
Es igual, siempre tengo las de perder, me parece que todas esas razones son solo una excusa y el tema viene desde que mi vecina Teresa los llamó para decirles lo peligroso que es el gas y que algún día íbamos a salir volando. ¡Qué tendrá que ver el culo con las témporas!
El resultado es que ahora yo me aburro mortalmente toda la mañana. Ya no voy a por mi barrita de pan y mi medio kilo de tomates, y no sé ni lo que cuesta una cebolla, a este paso acabaré fuera del mundo como un extraterrestre recién aterrizado.
Porque ese es otro tema, no me dejan ni ir al banco a cobrar la pensión. Cuando necesito dinero tengo que llamar a alguna de mis hijas para que me lo traiga. Antes al menos venían conmigo a un buzón que hay fuera del banco, donde meten una tarjetita de plástico y salen los billetes por otra ranura, ¡no sé qué sistema es ese tan moderno, ni sé qué tipo de negocio puede ser, que te den dinero sin preguntar siquiera tu nombre! 
Ahora me lo traen a casa, dicen que ando muy despacio y que pierden mucho tiempo si voy con ellas. Así no sé el dinero que tengo en mi cartilla, ni si estoy gastando más de la cuenta y cuando me haga mayor y lo necesite no sé de dónde voy a tirar.

Hace unos días Teresa llamó a mis hijas y organizó un conciliábulo familiar, dice que varias veces he llamado a su puerta pidiendo ayuda. Y es que, un grupo de personas raras entran en mi casa por las tardes, justo cuando me despierto de mi cabezadita, dando voces y hablando todos a la vez. Por más que les pido que hablen de uno en uno para poder entenderlos, no hay manera de que me escuchen, todos sentados en semicírculo, un calvo, varias mujeres muy repintadas, otro con los pelos de punta, se ríen, gesticulan y se quitan la palabra hablando de asuntos que ni conozco, ni me interesan y cuando ya no puedo soportar más la algarabía, les ruego educadamente y hasta les exijo a gritos que se marchen de mi casa, pero nunca me hacen caso. Hasta que llega Teresa y sin hablar siquiera consigue que todos se vayan y me dejen en paz, no sé qué tiene ella para ser tan convincente, por más que intento fijarme en cómo actúa no consigo entenderlo.

Después de la reunión familiar me han informado de que voy a ir a un lugar donde estaré acompañada y haré muchas actividades, así no me aburriré y nadie se meterá en mi casa a gritar. Tengo que estar en el portal a las ocho y media de la mañana porque unos señores que no conozco van a pasar a recogerme en un pequeño autobús, ya no iré al centro a comer, lo haré todo allí y el mismo autobús me devolverá a casa a las cinco de la tarde. No entiendo por qué no me dejan estar en mi casa, a mí es donde más me gusta estar, si no fuera por las cosas que se cambian de sitio continuamente o por las personas que entran y no se quieren marchar…

¿Qué más quieren de mí, es que no pueden dejarme en paz?, ya voy a la escuela esa en la que pinto, hago gimnasia y juego a la pelota, ahora eso no parece suficiente. No me cuentan nada de lo que se traen entre manos pero les oigo hablar y sé que andan buscando a alguien que venga a dormir a mi casa. ¿Por qué tiene que venir ningún desconocido a quedarse toda la noche aquí? Dicen que estaré más atendida y que ellos estarán más tranquilos, pues si quieren tranquilidad que se lo lleven ellos a sus casas.
De esto tiene otra vez la culpa la dichosa Teresa, les ha dicho que no puedo dormir sola, que a veces llamo a voces en mitad de la noche y tiene que entrar a ver lo que me pasa. Normalmente es solo que me he despistado yendo al baño y luego no sé dónde estoy. Aunque hace unas noches alguien me secuestró, unos desconocidos me sacaron de mi casa desnuda, me habían quitado hasta el camisón y no me decían que querían de mí. Cuando Teresa apareció no me creyó, no hacía más que repetir que estaba en mi casa y que el camisón me lo había quitado yo misma, no sé qué gana con ello, creo que quiere volverme loca, será que se quiere quedar con la casa y abrir una puerta en el tabique, seguro que necesita más habitaciones. 

Ahora esas señoras que vienen a casa y rebuscan en mis cosas, dicen que no puedo dormir sola y todas las noches a las diez en punto, aparece una mujer muy seria y silenciosa que se pasea por mi casa como si fuera la dueña. Duerme en la cama que era de una de mis hijas y se va a las ocho de la mañana, y encima tengo que pagarla. ¡Estos se creen que mi pensión es la de la duquesa de Alba, no sé qué voy a hacer cuando sea mayor y necesite alguien que me cuide, porque ya no me va a quedar ni una perra!

¿Por qué no viene mi madre?, todas las noches la llamo y nunca aparece; en su lugar una chica joven con un pijama azul aparece y me dice que no haga ruido que voy a despertar a todo el mundo ¿Qué mundo si mi madre no está en casa?
Por las mañana otra desconocida me sienta en una silla de ruedas y me lleva a un baño desconocido. Todos me tratan como si fuera un bebé, Flora esto, Flora lo otro, que guapa está hoy doña Flora. ¿Es que todo el mundo se ha vuelto loco a mi alrededor?

Teresa ya no entra en casa y cuando necesito ayuda, son mujeres en pijama las que acuden, debe haberse mudado, como necesitaba un piso más grande y ha visto que no podía hacerse con el mío, habrá decidido buscar en otra parte. Ahora me da cierta pena. Era muy entrometida pero al menos la conocía desde hace mucho tiempo, a todos estos que están aquí no los conozco de nada y las cosas que antes cambiaban de sitio en casa, se han debido mudar con ella, aquí desde luego no están. Ni siquiera el viejo Óscar, seguro que la señora que duerme en casa se lo ha llevado. Ahora que lo pienso, ya no viene por las noches, ahora en mi mundo solo quedan las mujeres con pijama azul.

Escrito en femenino singular

Julia de Castro Álvarez - 2016 

sábado, 31 de octubre de 2020

Mi padre me enseñó



Publico este escrito con la autorización de mi hija que lo escribió la noche que falleció su padre pero que no me lo mostro hasta hace un par de días, con esta dedicatoria. 

"Lo comparto contigo, mami, que te gustará leerlo. Lo escribí el día que falleció papá. Te queremos mucho y estamos muy orgullosos de ti."

Mi padre me enseñó

Mi padre me enseñó, por encima de todo, que estaba orgulloso de mí: “Peloti, tú vales mucho, harás cosas grandes en la vida”

Mi padre me enseñó a ser generosa: “no hay nada peor que las personas que no echan mano a la cartera cuando hay que pagar. 20€ no nos van a sacar de pobres y quedarás siempre como una señora”

Mi padre me enseñó a amar a Dios y tenerlo siempre en vi vida: “el Señor es mi pastor, nada me falta”

Mi padre me enseñó a escuchar y pensar; cuando insistentemente me empeñaba en llevarle la contraria me decía: “Pero Meli, usa la cabeza. Parece mentira que seas mi hija”.

Mi padre me enseñó a no quejarme: “Quejarse no sirve de nada y es muy poco elegante”.

Mi padre me enseñó a amar España: “Esta tierra que pisamos y esta gente que la habita, son nuestras raíces, trabajo de muchos otros que estuvieron antes que nosotros”

Mi padre me enseñó a ser madridista: “Si Dios va de blanco, por algo será”

Mi padre me enseñó a ser optimista y mirar siempre hacia adelante: “No hay que preocuparse, si no ocuparse”

Mi padre me enseñó el valor del dinero, la importancia de ahorrar y de no gastarlo en caprichos.  El valor de la elegancia innata y de la discreción, porque así era él.

Mi padre me enseñó a ser ciudadana del mundo: “cada vez más el mundo va a ser más una sola aldea: viaja, conoce gente, aprende… donde fueres, haz lo que vieres”

Mi padre me enseñó a valorar cada pedazo de pan sobre la mesa: “pan con aceite era un lujo en el Madrid de la postguerra”. Jamás se quejó de una comida, todo le gustaba.

Mi padre me enseñó disfrutar del cine, del arte, del teatro, de una buena comida: “Para eso está el dinero” decía.

Mi padre me enseñó el valor de la familia. Trabajó incansablemente cada día de su vida por nosotros y nunca miró por él, si no por su mujer y sus hijos.

Mi padre me enseñó a aprender del pasado, pero a vivir en el presente. “mi época es esta” solía decir.

Mi padre me enseñó a sonreír y dar gracias cuando llovía: “esto es el buen tiempo de verdad, la lluvia es vida”

Mi padre me enseñó la importancia de dar su sitio a los jóvenes: “el futuro es vuestro, tenéis muchas cosas que enseñarnos”

Pero por encima de todo, mi padre me enseñó lo que es ser buena persona. 
Él era esencialmente un hombre bueno. Pasó por la vida como se fue: discretamente, sin hacer ruido, sin dar preocupaciones. 
Nunca me soltó de la mano. Su ejemplo ha marcado toda mi vida. Vivirá siempre en mí y su recuerdo me acompañará por siempre. Su amor estará siempre vivo en sus hijos y sus nietos y así perdurará, porque el amor, no pasa nunca.

¡Gracias Meli por permitirme compartirlo !



sábado, 26 de septiembre de 2020

Lago de la Casa de Campo (VI)

"La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla." 
Hermann Hesse 

Este verano he paseado varias veces por el lago a horas tempranas en dónde el público no interrumpía mi idilio con la naturaleza después de días de confinamiento. El Covid19 interrumpió nuestros paseos y salidas y también se llevó por delante parte de mi vida. Caminaba sola por los lugares en donde siempre había ido de su mano. Todo seguía igual y el tiempo parece haberse detenido. El sol jugaba con las luces y sombras del lago mostrando la belleza singular de los amaneceres.
Comparto algunas de estas fotografías tal vez para inmortalizar estos momentos o quizas para salvaguardar esos recuerdos tan queridos para mi y que soy incapaz de expresar


Casa de Campo I   Teleférico

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry