"La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo." Isadora Duncan

"Estoy convencido que uno de los tesoros que guardan los años es la dicha de ser abuelo"
Abel Pérez Rojas

"No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela." Albert Einstein

Forman parte de la orquesta

lunes, 8 de diciembre de 2025

Antojos


Esta mañana desperté con antojo de algo que no se cocina en ollas, ni se hornea con recetas exactas… Desperté con antojo de paz. De esa que huele a café recién hecho y sabe a pan calientito, con la mantequilla derritiéndose como los miedos cuando los abrazas con calma.

Me serví un poco de silencio tibio, como ese atole que reconforta el alma cuando el mundo se siente frío.
Y mientras miraba por la ventana, me di cuenta de que cada día nuevo es como una cocina abierta: Tú decides qué sabor tendrá tu historia.
Hoy me quiero preparar una vida que huela a esperanza y tenga el sazón de la ternura. Una vida donde la gratitud sea el postre diario, dulce, suave, a veces con trocitos de nostalgia, pero siempre honesta.
Una vida que sepa a domingo lento, a comida hecha en casa, a sobremesa con risas y ojos brillando.
Porque vivir también es eso: elegir con qué aliñar tus pensamientos, qué emociones poner al fuego lento, qué sueños hornear sin prisa. Y si te sale amargo el día, échale azúcar de paciencia, unas gotas de amor propio, y un puñito de fe.
Que no se te olvide: tú eres la chef de tu alma, la que mezcla, remueve, corrige el fuego. Tú decides si el día te sabe a miedo… o a milagro.

Anónimo

domingo, 16 de noviembre de 2025

Vecinos




“Ella era la vecina que siempre me prestaba azúcar. El día que murió, encontré un sobre en mi puerta: ‘Gracias por dejarme sentir útil’.”
Nunca supe su nombre completo. Durante cinco años fue simplemente "la señora del 3B", aunque ella insistía en que la llamara Martha.
La primera vez que tocó mi puerta fue un martes por la tarde. Yo acababa de mudarme y tenía cajas por todos lados.
—Disculpa, querido —dijo con esa voz suave que llegaría a conocer tan bien—. ¿No tendrás una taza de azúcar? Se me acabó y estoy haciendo un pastel para mi nieta.
—Claro, claro. Espera un momento.
Busqué entre mis cosas hasta encontrar el azúcar. Cuando regresé, ella sonreía con las manos entrelazadas.
—Eres un ángel —me dijo, tomando el recipiente—. Te lo devuelvo mañana sin falta.
Y lo hizo. Al día siguiente apareció con mi recipiente lleno y tres galletas envueltas en papel encerado.
—Las hice de más —explicó, aunque ambos sabíamos que era mentira.
Eso se convirtió en nuestra rutina. Cada dos semanas, más o menos, Martha tocaba a mi puerta.
—Ay, qué vergüenza —decía siempre—. ¿Tendrás azúcar? Hoy sí que se me olvidó comprar.
Al principio me lo creí. Pero después de la sexta o séptima vez, noté que siempre me devolvía el recipiente lleno. Una vez, incluso, la vi en el supermercado con un paquete de azúcar de dos kilos en su carrito.
Nunca le dije nada. Simplemente le daba el azúcar, recibía mis galletas al día siguiente, y compartíamos cinco minutos de conversación en el pasillo. Me contaba sobre su nieta, sobre sus plantas, sobre la pareja joven que acababa de mudarse al segundo piso.
—Es bonito tener vecinos amables —me dijo una vez—. Hace que uno se sienta parte de algo, ¿sabes?
El último martes, Martha no vino. Tampoco el siguiente. La tercera semana, encontré una ambulancia frente al edificio. Los paramédicos salían del 3B moviendo la cabeza con solemnidad.
La señora Rodríguez del 2A me lo confirmó:
—Fue pacífico, en su sueño. La nieta dice que no sufrió.
Esa noche no pude dormir. Seguía esperando el toque en mi puerta, su voz pidiendo disculpas por molestar.
A la mañana siguiente, había un sobre blanco pegado a mi puerta con cinta adhesiva. Mi nombre estaba escrito con una caligrafía temblorosa pero cuidadosa.
Lo abrí con manos temblorosas. Dentro había una sola hoja de papel:
Querido vecino,
Gracias por dejarme sentir útil.
Después de que murió mi esposo, los días se volvieron muy largos. Mis hijos viven lejos, mi nieta tiene su propia vida. Dejé de cocinar porque ¿para qué? Dejé de salir porque ¿a dónde?
Entonces llegaste tú. Y descubrí que si tenía una razón para hacer galletas, una excusa para tocar a tu puerta, entonces el día tenía propósito.
Perdona el engaño del azúcar. Espero no te haya molestado. Solo necesitaba sentir que alguien me necesitaba, aunque fuera por una taza de azúcar.
Gracias por tus sonrisas, por tu paciencia, por esos cinco minutos en el pasillo que hacían que la soledad pesara menos.
Con cariño,
Martha

Doblé la carta y la guardé en mi bolsillo. Luego caminé hasta la tienda de la esquina y compré azúcar. Un paquete grande.
Cuando regresé, toqué a la puerta del 2A. La señora Rodríguez abrió, sorprendida.
—Hola —le dije—. No tendrás una taza de azúcar, ¿verdad? Se me acaba de terminar.
Ella parpadeó, confundida. Entonces vio algo en mi expresión y sonrió lentamente.
—Ay, qué casualidad. Justo iba a pedirte lo mismo. Pero pasa, pasa. ¿Te apetece un café?
Entré. Y por primera vez en cinco años, entendí realmente lo que Martha había tratado de decirme.
A veces la gente no necesita azúcar. Solo necesita saber que importa.
¿Ustedes han tenido una experiencia así?

Del muro de Giselle Domínguez.




sábado, 1 de noviembre de 2025

Mi Madre no es un Zombi.

 

Hace años ya hablamos del origen celta español de la “fiesta” de Halloween. Ahí abajo tienen ustedes el post de la Fiesta del Nabo.

Pero metidos en la historia, dejamos a un lado algunas reflexiones que me parecen de relevancia.

Observando a niños ataviados con tumbas, muertos, sangre, cuchillos y rindiendo culto al terror, algo dentro de mí se preguntaba si eso es educativo.

Terror es el que siente una persona maltratada por su pareja, terror es lo que embarga a alguien a cuyo hijo le acaban de diagnosticar un cáncer. El terror es el que impera en las dictaduras africanas y americanas, bajo las que viven millones de familias sometidas a narcotraficantes y sátrapas tropicales; ¿es esto gracioso?.

Tumba es el lugar al que uno va a hablar con su madre fallecida, o a llorar a su hijo que ya no está, y sobre ellas a menudo hay un símbolo de amor y entrega, una cruz. ¿Niños burlándose de esto?.

Muertos son nuestros amigos, nuestros padres, hijos y hermanos, ¿es simpático disfrazarse de ellos y reírse?.

¿Haría usted una fiesta de Halloween en la planta de oncología infantil o de cuidados paliativos de un hospital?, ¿a los que están a punto de cruzar el río de la vida les haría gracia?.

Me llama la atención que esos mismos padres modernos que se niegan a llevar a sus hijos pequeños al tanatorio o al funeral del abuelo, aduciendo que no quieren que los pobres niños queden impresionados, en pocos días no duden en disfrazarlos para burlarse de su cuerpo, ya azul y con las órbitas de los ojos vacías.

La fiesta original, primero celtibérica, y después cristiana, se basa en el respeto y el recuerdo de los seres queridos que se fueron ya con Dios. Su fin es contar anécdotas positivas, vivencias y experiencias de nuestros muertos. Visitar sus tumbas, poner flores, mirar sus fotografías. Los niños entienden así que sus ancestros lucharon y no son olvidados.

¿Pero esto, qué enseña?. Mofarse de los muertos no lo hizo jamás civilización alguna, ni siquiera la maya y azteca.

Los abuelos no son zombies, el bebé que perdimos no es Chuky, degollar a inocentes no puede ser motivo de risa. Esta fiesta es siniestra, perversa y maneja valores destructivos.

Como siempre, no es por casualidad. Lo que ha llegado hasta nosotros no es sino una creación deliberada de la propaganda anticatólica protestante. El fin es destruir el Día de Todos los Santos, y lo han conseguido.

La vieja Europa, creadora de mitos y culturas, ha sucumbido a la purpurina y al olvido del auténtico significado de la muerte, la única cosa segura que a todos nos va a llegar.

La esencia del cristianismo es la resurrección, nuestras iglesias están presididas por un cuerpo torturado que sangra, con clavos en brazos y pies, un lanzazo en un costado, una corona de espinas y un rostro sufriente; nada mas "halloween" en apariencia. Sin embargo, el mensaje es el contrario, los que se reían en el Calvario fueron perdonados, no castigados. Eso hizo al cristianismo la única filosofía del mundo que predica poner la otra mejilla y amar al enemigo.

¿Truco o trato?, no, beso o abrazo.

Cada cual que haga lo que quiera, por supuesto, pero con esta información, a lo mejor, el año que viene nos apetece más llevarle flores al abuelo, ver fotos antiguas de él, y brindar por su descanso eterno, en lugar de ridiculizarlo.

Los muertos tenían nombres, y sus almas existen, están, aunque hoy puede que sufran el olvido de sus propios hijos.

Un aullido.

Fernando López-Mirones.


martes, 9 de septiembre de 2025

Casa de Espiritualidad Verbum Dei Siete Aguas

Es una casa de espiritualidad apartado del mundanal ruido. Maravilloso lugar apropiado para estar en silencio, para creyentes y para buscadores que quieran profundizar en ese encuentro con la trascendencia, pensar, meditar y ordenar la propia vida.

Rodeado de naturaleza que da paz y tranquilidad es una invitación para quienes se quieran retirar a recomponer su cuerpo y espíritu. Las hermanas son acogedoras, pendientes de todo y aunque es un lugar sencillo y austero es sumamente acogedor. La comida , los horarios todo se junta para que podamos disfrutar y llevar a buen término aquello que veníamos buscando.








En un loma bastante empinada pero accesible nos encontramos con una pequeña ermita que es una delicia estar allí.


También apropiado para grupos.
Se encuentra en Siete Aguas Valencia


“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry
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