Una escapada familiar que acabó convirtiéndose en una odisea
La idea era sencilla: escaparme unos días a Soria, disfrutar de la familia, estar con mi hija y desconectar un poco. Nada hacía presagiar que, apenas un día después de llegar, el protagonista inesperado de nuestra aventura sería… el manguito del coche.
El pueblito Santervás de la Sierra a dónde iba dista de la capital unos 20 km, y la familia ya llevaba más de una semana veraneando en una bonita casa rural. Llegué en bus y hasta aquí genial. Una vuelta para familiarizarme con el entorno. Por la tarde visitamos el pueblo Hinojosa de la sierra y también paseamos a la orilla del río Duero.
Amaneció un día soleado y allá que nos fuimos a darnos el bañito al embalse. Después de muchas vueltas a la llegada a Vinuesa nos metimos por un camino de tierra en bastante mal estado que en vez de llevarnos a los sitios recreativos de baño nos llevó al otro lado del embalse. Después de una hora dar vuelta entre botes y pinares mi yerno paro el coche porque le pareció que olía a quemado. Nos dijo que bajaramos a la orilla del embalse como pudiésemos mientras él ponía el coche a punto.
Allí no había camino alguno. Ni de cabras tan siquiera. Los chicos y yo obedientes bajamos entre matorrales espinos y abrojos y nos instalamos como pudimos entre las piedras. Ellos se bañaron y yo me entretuve dibujando el paisaje, todo muy bucólico, bello sin un alma en los alrededores.
Pasó el tiempo, mis hijos no bajaban ni decía nada y eso me mosqueó bastante porque me llegaba el eco y las voces de mi yerno hablando por teléfono rompiendo el silencio. Aquello me dio la mala espina de que algo no iba bien y así fue. ¡Avería, manguito roto! Allí en medio de la nada después de dos horas de espera el seguro nos mandó un taxi que nos llevó al pueblo mientras mi yerno se quedó esperando la grúa y negociando con el seguro que hacer. Llegaban noticias que los talleres estaban petados y no había posibilidad de arreglo del coche en días. Seguían las negociaciones pues teníamos que volver al día siguiente sin falta pues la hija se incorporaba al trabajo. Menudo panorama, maletas, comida que sobraba, paquetes, mochilas y una tortuga volver en bus desde Soria a Madrid… era una posibilidad, aunque tela.
En ello estábamos cuando nos comunicaron que nos dejaban un coche de sustitución. ¡¡¡Respiramos!!! ¡Pero oh cielos! como en los tebeos, cuando mi yerno fue a por el coche ya no quedaban coches de alquiler…. Todo esto las 6 de la tarde y estábamos como al principio. Por fin se llegó a un acuerdo y el seguro quedó en enviarnos un taxi para 5 personas el día siguiente para poder estar de vuelta a Madrid el día señalado.
El coche tendrá que esperar... Lo traen a Madrid en una
semana al taller en espera del resultado de la autopsia y a pagar. Así ha sido
de surrealista mi odisea, nuestra odisea. Pero en el fondo una experiencia muy
positiva de ver la deportividad y buen humor de colmo lo hemos tomado. Mi yerno
medalla de oro. Por su buen ánimo, sonrisa y calma.
Las fotos son un documental de nuestro periplo. Decir que apenas estuve en SanTervás pueblo muy tranquilo y silencioso, bien cuidado con sus casas de piedra y cuenta con tan solo 33 habitantes. No hay ningún tipo de comercio. Tan solo un bar y nada más ya que es un lugar de segunda residencia de muchos sorianos. Se encuentra en el valle del río Duero al sur de la Sierra de la Carcaña, rodeado de encinas centenarias son también refugio de especies de fauna silvestre. También hay trufa negra
Os dejo con unos versos muy conocidos de Antonio Machado
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