"La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo." Isadora Duncan

"Estoy convencido que uno de los tesoros que guardan los años es la dicha de ser abuelo"
Abel Pérez Rojas

"No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela." Albert Einstein

Forman parte de la orquesta

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sábado, 9 de abril de 2011

Pesadilla



Se acostó al fin, cansada del ajetreo de todo el día, estaba tensa y necesitaba más que nunca dormir.
La casa estaba en silencio y tanto silencio no la dejaba conciliar el sueño. Intentaba aguzar el oído para captar algún sonido familiar que le permitiese relajarse y dormir.
Uno de los niños respiraba suavemente a su lado. Para no despertar al ocupa María decidió que la mejor opción era cambiarse de cama
No sabía a ciencia cierta cuanto tiempo duró la duermevela, ni si estaba dormida, soñando o despierta. Miro la colchoneta en donde dormía Alberto, y descubrió asustada que esta estaba vacía. El niño había desaparecido. Se angustió sobremanera cuando vio la puerta de la calle abierta y al niño caminado descalzo y solo con el pijama por la oscura calle, en una noche tan fría. Se dirigía con la mirada perdida en dirección a la casa de sus padres y ella contemplaba la escena paralizada, sin poder moverse para ir en su busca. Podrían raptarle, podía perderse, intentó llamarle pero no le salía voz alguna de la garganta.
¿Que le diría a sus padres? Estaba aterrada, Alberto había desaparecido.
El niño llegó a su casa por fin. María estaba esperándole. Abrió sus brazos cuando Alberto llegó y la besó: “Mamá te estaba buscando, quería estar contigo”
María se despertó con alegría abrazada a la almohada. Alberto cariño... pero el niño no estaba a su lado.
Corrió a buscarle angustiada y aliviada descubrió que Alberto estaba plácidamente durmiendo junto a su hermano en la otra habitación.

(Katy 2010)

sábado, 2 de abril de 2011

Puri


Hace media hora que había tomado el té. Distraídamente miró el reloj: las 6 en punto.
Rápidamente, como si en ello le fuera la vida, fue a encender el ordenador. Había descubierto el placer de navegar y todos los días se daba la misma prisa.
-"Mamá un día te vas a matar con tanta carrera" le gritaba su hijo riéndose.
Había tenido que librar una dura batalla para poder acceder a dicho placer, y no fue fácil. Eran cuatro fieras disputándose un ratón y ella llevaba todas las de perder. Querían que fuera una mujer de su tiempo, pero cuando reivindicaba sus derechos ya no les parecía tan bien.
-“Pero si a ti nunca te gustó el ordenador y preferías tu vieja máquina de escribir” refunfuñaba su marido.
-“Papá tiene razón, eso que haces de chatear es una tontería” apostillaba la hija.
Puri, aparentemente sin inmutarse, asía el ratón con fuerza, no fuera a escapársele de las manos. Perder el tiempo, dicen, y si lo pierdo también tengo derecho, para eso sigo trabajando para todos. ¿No quieren una madre actualizada? Una madre actualizada debe saber entrar en Internet.
Hace años que había renunciado al mando de la TV y a ver los programas que le gustaban porque eran cotilleos, y ahora no estaba dispuesta a dejarse avasallar nuevamente, tenía tanto derecho a navegar cómo el que más. Además tenía otras motivaciones más profundas aunque no las revelase, sencillamente no le gustaba la idea de cumplir años.
Mientras veía desfilar las páginas Web ante sus ojos, le pesaban también los recuerdos.
Ella también veía mayores a sus padres. Pero es que lo eran, con 79 y 82 años ya se es mayor y no se les ocurrió más que comprarse una bici estática para pedalear, y vaya si se la compraron a pesar de los reproches de sus hijos.
¿La verían mayor también sus hijos? Que se estaba haciendo mayor, de ello no le cabía la menor duda, pero no le gustaba nada que se lo restregasen, cuando se consideraba aun joven.
Internet tenía para ella el secreto de la juventud. Le levantaba la moral cada día.
Tenía muchos amigos, era popular, la piropeaban y tenía chispa. Jugaba unas veces a cambiarse de sexo, de identidad, viajaba de un país a otro. A veces jugaba a ser médico, ingeniero, estudiante, y soñaba junto a otros cien mil embusteros como ella.
Un poquito de engaño sano no viene mal. No hacía daño a nadie, tan solo se quitaba 30 años que no iban a ninguna parte. Era otra, se creía otra, se sentía otra, y solo había algo que la devolvía a la realidad, la vocecita de uno de los suyos reclamando:
-“Me toca a mí, se te ha pasado tu hora”
Mirándolo bien la realidad tampoco estaba tan mal. Total 24 horas se pasan rápido y mañana durante una hora tendría de nuevo 25 añitos recién cumplidos
(Katy Diciembre 2008)

jueves, 13 de agosto de 2009

La bola de cristal


Mi vecina Amalia tenía sus manías como cualquiera, pero su obsesión por los cristales era casi enfermiza. Se lo habían notado desde niña porque no había cosa que más le gustara que limpiarlos. Un trapo y cualquier líquido de esos que olían a alcohol eran suficientes para tenerla entretenida.
También le atraía la pedrería y toda clase de brillos que coleccionaba y guardaba en una caja como un tesoro. Solía esparcirla por su cama y mirarlas embelezada cual tesoro único y disfrutar como seguramente lo haría Ali Babá en su  la cueva de los ladrones. Y ni que decir de la lupa que le había regalado su padre, una joya de cristal que le permitía ver aumentados sus cristales y descubrir señales de dedos en la mesa del salón.
De mayor seguía sin poder observar huella alguna, ni gotas de lluvia, manchas o suciedad en las ventanas. “Los cristales tienen que ser transparentes y diáfanos” decía.
No soportaba ver las persianas bajadas ni la oscuridad. Necesitaba la luz como el aire que respiraba. Jamás ocultaba su rostro tras unas gafas de sol, ni entendía a los que ponían cristales opacos en las ventanillas de sus coches.
De regalo de bodas pidió nada menos que una “bola de cristal”
- Chica rara esta, para que querrá una bola de cristal, igual es que quiere saber algo de su futuro comentaban entre si sus más allegados, sin sospechar tan solo la deseaba por su hermoso brillo.
Ni que decir que su luna de miel fue otro capricho Venecia pasando primero por Burano, porque quería contemplar las bellezas que se hacían con el vidrio, para terminar en Suiza y ver de cerca la fabrica de Swarosky. Toda una pasión.
Sin embargo no la atraían para nada ni las lámparas ni las vajillas de cristal,  es más,  las detestaba por la única razón de que se marcaban los dedos en ellas, y nunca estaban transparentes.
Tal era su obsesión que a su primera hija le puso el nombre de Cristal y no por lo frágil precisamente. Por suerte no se parecía en nada a su madre,  eran polos opuestos,  ella odiaba esa manía absurda de verla siempre con un trapo diferente restregando todo lo que ella tocaba.
Un día tuvieron unas palabras más fuertes que otras  porque Cristal había dejado su vaso de café en la mesa y está se quedó manchada con un hermosos redondel.
Incomprensiblemente Cristal que en ese momento estaba comiendo una tableta de chocolate se enfureció y sin pensárselo dos veces restregó sus dedos por todas las ventanas, espejos y mesas en dónde había algo que brillase.
Amalia en un arrebato de histeria le arrojo a la cabeza su maravillosa bola de cristal  que en ese momento tenía en la mano, haciéndole una brecha de la que su hija Cristal tardó unos meses en recuperarse.
Me cambie de ciudad  y le perdí la pista a Amalia. Pasado unos años pregunté por ella y me contaron que a raíz de lo sucedido le entró una depresión  que le duro un par de años y desde entonces le ha disminuido el ansia e interés por los brillos y destellos.
Seguramente que su maravillosa bola de cristal  antes protagonista, seguirá haciendo guiños a su dueña desde algún rincón de la estantería a donde fue confinada.

Moraleja
Hay que tener cuidado con las obsesiones porque pueden conducirnos a situaciones irreversibles.


Katy 2009-08-11

martes, 4 de agosto de 2009

Sumisión



Abrió los ojos como una autómata, ni tan siquiera se asomó a la ventana para ver si hacia sol, o estaba nublado, a ella que más le daba. Todos los días eran iguales desde hace 30 años. Era como un robot al servicio de una sola persona, tenía un trabajo asignado, la de cuidadora y enfermera y nada ni nadie podía distraerla de su tarea, porque nada existía fuera de él.
Estaba recluida, sin libertad, sin voluntad propia y lo peor es que ni se daba cuenta de ello. Ella lo había aceptado tal cual. Le amaba hasta la extenuación.
Se vistió de prisa antes de recibir la primera orden. Se tomo un café casi frío y se puso a preparar el desayuno de su “señor”. No sabía nunca como acertar porque el hombre se había vuelto caprichoso y siempre quería otra cosa. Sus achaques - muchos de ellos graves- le habían convertido en el eterno enfermo arrastrando tras si a su abnegada y servil compañera. Para el eso era lo normal. Solía decir que el habría hecho lo mismo. La arteriosclerosis se había apoderado de sus neuronas y había hecho mella en su capacidad para no hacer ninguna otra cosa que no fuera quejarse de sus múltiples dolencias. “De profesión enfermo”.
Pacientemente le ayudó a vestirse en medio de los "ayes" y le guió hasta la esquina del sofá dónde solía sentarse durante todo el tiempo que permanecía despierto. Y así comenzaba el rosario de peticiones y de órdenes que ella cumplía rigurosamente sin rechistar y ni siquiera se preguntaba por qué, y para qué lo hacía. No tenía tiempo.
Ahora un vaso de agua, ahora las medicinas,, ahora el rascador, ahora estírame la pierna, ahora un masaje a la espalda, ahora véndame el dedo gordo, ahora me pica, ahora dame crema, ahora me duele, ahora tengo frío, tráeme la manta, quítame el jersey…
Había asumido el rol de esclava y llenaba su saco vital de frustraciones en silencio. Horas perdidas teñidas de dolor, angustia, esperando siempre el final del sufrimiento y la enfermedad, y junto a esas horas su vida se iba consumiendo sin remedio.
Algunas veces supongo buscaría respuestas a preguntas que nunca se había formulado. Pero que seguro que existían en algún lugar dentro de su cabeza ó fuera de ella. Tal vez se compararía con otros que sabrían vivir mejor, solo tal vez.
Mientras tanto iba cumpliendo hasta el sacrificio y con orgullo mal entendido la máxima de “Hasta que la muerte nos separe” ¿Para que iba a rebelarse o plantearse algún cambio? Era la viva imagen de la resignación. La misión le había sido asignada desde la eternidad y su rol voluntariamente asumido eran la de llevarle durante años sin término de un hospital a otro, de una sala de urgencias a otra, de la cama al sofá y del sofá a la cama. No consentía que se la sustituyese, ni que la separasen de él, solo ella sabía como atenderle, y su destino según sus palabras estaba en sus manos.
Un día se apagó la débil vela que le mantenía atado al pijama y a ella le pilló de sorpresa. Se quedó sin nada, huérfana de trabajo, de misión y despojada del único sentido de su vida, como un funambulista al que le quitan la cuerda. ¿Qué iharía a partir de ahora?
Pasado algún tiempo empezó a tener conciencia de su yo individual y que no era un todo con él, pero le daba miedo enfrentarse a si misma, a esa realidad, porque en el fondo de su alma él seguía vivo y no quería serle infiel. Paradojas del destino.


Katy 2009-08-04

miércoles, 25 de marzo de 2009

Año 2.600




Mi nombre es Alegna y soy historarque. Vivo en la ciudad de Dirdam sobre los restos de una gran ciudad que se llamaba Madrid que quedó sepultada después de la Gran Catástrofe del 2.010 que afectó toda la península Ibérica.
Hace cientos de años mi carrera no existía. Había historiadores y arqueólogos, pero después de la G.C. (Gran Catástrofe) para poder hacer una labor de investigación hacen falta ambas cosas y así nació esta carrera apasionante por otra parte.
Mi trabajo consiste en desempolvar y rediseñar cómo se desarrolló la vida antes e inmediatamente después de la G. C.
Hace muy poco tiempo he tenido la suerte de encontrarme en vivo y en directo con uno de los descendientes de las pocas familias que sobrevivieron en esta zona Sur, Los Legna-Acitak. Durante las tardes en que coincidimos tomando un café en el parque volante que rodea lo que en su día fue un río, Reivaj me cuenta muchas historias interesantes sobre sus antepasados que vivieron aquí hace más 500 años, y sobre las costumbres de la época. "La abuela Acitak era de esas personas que lo guardaba todo y tuvo la feliz ocurrencia de llevarse consigo unas cuantas cosas en una mochila (efectos personales, pendrives, CDS ) cuando se refugió en unos de lo túneles cercanos a su casa. Así mis compañeros y yo hemos podido reconstruir unas pocas cosas sobre los habitantes de Madrid antes del terremoto y de los incendios que lo asolaron todo. La vida de Madrid nada tenía que ver con los 100 años posteriores y mucho menos con la de ahora" contaba nostálgico.
Reivaj trabajaba en el Museo de Arqueología y es de los afortunados que tiene acceso a los archivos y a los pocos documentos, libros, papeles que quedaron intactos. Están guardados celosamente en un inmenso acorazado de platino a prueba de incendios y roturas.
“Debió de ser espantoso cuando ese meteorito de enormes dimensiones se precipitó contra el suelo de Madrid y lo arrasó todo”, comenté.
Reivaj asintió. Solo sobrevivieron unos pocos y entre ellos algún miembro de mi familia que tuvieron la suerte de refugiarse a tiempo en los túneles enterrados .

“Ya sabes que hemos intentando acceder a ellos dije”, pero solo podemos hacerlo en pequeños tramos. Están todos obstruidos y aplastados y jamás podremos descubrir la totalidad de ellos porque una inmensa argamasa de hierro y plástico fundido cubre toda la superficie debajo de nosotros. Según nuestros estudios estos túneles rodeaban toda la ciudad. Por ellos circulaban esos coches que ahora están en el museo, y una especie de tren que llamaban Metro que hacía recorridos idénticos bajo tierra comunicando las diversas partes de la ciudad. (Unos 80 Km. bajo tierra)
“O sea que toda la ciudad estaba agujereada y hueca como un queso” dijo riéndose.
“Exactamente” conteste. Luego los dos nos quedamos en silencio con nuestros pensamientos mientras sorbíamos el café.


Suspire mientras me despedí y me puse a caminar sobre uno de los puentes colgantes que comunicaban las diversas urbanizaciones de la pequeña ciudad. Cuanto daría por pasear a orillas del río Manzanares, cuyo cauce resquebrajado descansaba justo debajo de mis pies. En sueños me veo tantas veces paseando bajo el sol por su ribera rodeada de verdes jardines, porque fuera de estos canales y surtidores artificiales que manan debajo de esta inmensa cúpula de cristal en la ciudad de Dirdam, no existe nada.


Katy 2009

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry
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