"La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo." Isadora Duncan

"Estoy convencido que uno de los tesoros que guardan los años es la dicha de ser abuelo"
Abel Pérez Rojas

Te quiero

Te quiero

"No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela." Albert Einstein

martes, 4 de agosto de 2009

Sumisión



Abrió los ojos como una autómata, ni tan siquiera se asomó a la ventana para ver si hacia sol, o estaba nublado, a ella que más le daba. Todos los días eran iguales desde hace 30 años. Era como un robot al servicio de una sola persona, tenía un trabajo asignado, la de cuidadora y enfermera y nada ni nadie podía distraerla de su tarea, porque nada existía fuera de él.
Estaba recluida, sin libertad, sin voluntad propia y lo peor es que ni se daba cuenta de ello. Ella lo había aceptado tal cual. Le amaba hasta la extenuación.
Se vistió de prisa antes de recibir la primera orden. Se tomo un café casi frío y se puso a preparar el desayuno de su “señor”. No sabía nunca como acertar porque el hombre se había vuelto caprichoso y siempre quería otra cosa. Sus achaques - muchos de ellos graves- le habían convertido en el eterno enfermo arrastrando tras si a su abnegada y servil compañera. Para el eso era lo normal. Solía decir que el habría hecho lo mismo. La arteriosclerosis se había apoderado de sus neuronas y había hecho mella en su capacidad para no hacer ninguna otra cosa que no fuera quejarse de sus múltiples dolencias. “De profesión enfermo”.
Pacientemente le ayudó a vestirse en medio de los "ayes" y le guió hasta la esquina del sofá dónde solía sentarse durante todo el tiempo que permanecía despierto. Y así comenzaba el rosario de peticiones y de órdenes que ella cumplía rigurosamente sin rechistar y ni siquiera se preguntaba por qué, y para qué lo hacía. No tenía tiempo.
Ahora un vaso de agua, ahora las medicinas,, ahora el rascador, ahora estírame la pierna, ahora un masaje a la espalda, ahora véndame el dedo gordo, ahora me pica, ahora dame crema, ahora me duele, ahora tengo frío, tráeme la manta, quítame el jersey…
Había asumido el rol de esclava y llenaba su saco vital de frustraciones en silencio. Horas perdidas teñidas de dolor, angustia, esperando siempre el final del sufrimiento y la enfermedad, y junto a esas horas su vida se iba consumiendo sin remedio.
Algunas veces supongo buscaría respuestas a preguntas que nunca se había formulado. Pero que seguro que existían en algún lugar dentro de su cabeza ó fuera de ella. Tal vez se compararía con otros que sabrían vivir mejor, solo tal vez.
Mientras tanto iba cumpliendo hasta el sacrificio y con orgullo mal entendido la máxima de “Hasta que la muerte nos separe” ¿Para que iba a rebelarse o plantearse algún cambio? Era la viva imagen de la resignación. La misión le había sido asignada desde la eternidad y su rol voluntariamente asumido eran la de llevarle durante años sin término de un hospital a otro, de una sala de urgencias a otra, de la cama al sofá y del sofá a la cama. No consentía que se la sustituyese, ni que la separasen de él, solo ella sabía como atenderle, y su destino según sus palabras estaba en sus manos.
Un día se apagó la débil vela que le mantenía atado al pijama y a ella le pilló de sorpresa. Se quedó sin nada, huérfana de trabajo, de misión y despojada del único sentido de su vida, como un funambulista al que le quitan la cuerda. ¿Qué iharía a partir de ahora?
Pasado algún tiempo empezó a tener conciencia de su yo individual y que no era un todo con él, pero le daba miedo enfrentarse a si misma, a esa realidad, porque en el fondo de su alma él seguía vivo y no quería serle infiel. Paradojas del destino.


Katy 2009-08-04

5 comentarios:

  1. Por lo menos conozco a una personas que siempre se ha comportado de esta manera. Fiel incluso hasta después de la muerte, con una fidelidad mal entendida. Sacrificada igualmente hasta despues de la muerte. Qué bien has descrito, de una manera vívida, ese mundo de realidad. MIN

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  2. me gustaron mucho todos tus blogs, volveré...

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  3. Un cuento muy triste pero en muchos casos se hace realidad. Se confunde amor, con servilismo, entrega con inmolación.

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  4. Debes haberlo visto muy de cerca...
    lo has descrito muy bien.

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  5. Marisol, si, por desgracia bastante cerca.
    Besos

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Bienvenido. Gracias por tus palabras , las disfruto a tope y además aprendo.

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry