"La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo." Isadora Duncan

"Estoy convencido que uno de los tesoros que guardan los años es la dicha de ser abuelo"
Abel Pérez Rojas

Te quiero

Te quiero

"No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela." Albert Einstein

miércoles, 16 de julio de 2014

El Enigma de la Atalaya. 6.- Locura y Maldiciones


-Señor Gómez, venga aquí –ordenó la alcaldesa-. Usted no, señor Longman –añadió con voz melosa-.
-Henry, nos vemos en la Taberna Real –se despidió el ex comisario-.
El ex comisario, con cara de enfado, preguntó a uno de los que esperaban haciendo cola en la comisaría por la dirección del señor Mora, el abogado. Se encaminó hacia su casa.
Llegó hasta el último edificio de la calle Almirante Ortega, después de pasar al lado del museo ya cerrado, y se encontró con que Mora estaba saliendo en ese momento de su casa. A juego con su nombre, el señor Mora iba vestido con una chaqueta púrpura y unos pantalones del mismo color. Llevaba una pequeña carpeta bajo el brazo.
-Buenos días, señor Longman. ¿En qué puedo ayudarle?
-¿A dónde va?
-Mmmm…tenía una cita con el señor Gómez, que estará, supongo, en…
-No. Está reunido con la alcaldesa.
-Ah…entonces…no voy a ningún sitio –sonrió-.
-¿Le apetece un paseo?
-¿Por qué no?
Caminaron hacia la ribera del río. Un par de barcas flotaban en el agua transparente. De vez en cuando se veía saltar a algún pez. Marcos Ramírez se encontraba en una de las barcas, muy atareado con una red.
-¿Cuánto tiempo lleva aquí en el pueblo? –preguntó Longman a Mora-.
-Dieciséis años. Llegué de Madrid.
-¿Y cuánto tiempo lleva al servicio del Sr. Saavedra?
-Trece años.
-¿Qué le han robado a Ud.? Esta mañana, quiero decir.
-Buf, me han robado dinero. Es rarísimo, siempre lo guardo en mi habitación.
-¿Qué le robaron la vez anterior?
-Mmmm…sí, unos recuerdos de mi familia, unas medallas de…
-Mmmm… oiga, ¿dónde está la Taberna Real?
-Ah -era evidente que Mora esperaba una pregunta de mayor calado-. En la plaza mayor, bajo los soportales.

************

El ex comisario se paró a contemplar la entrada de la taberna. Era toda de madera, a diferencia de las casas que la rodeaban, que eran de piedra. Un pequeño cartel indicaba: TABERNA REAL, pero tenía alguna que otra letra caída.
Entró. El aire del interior estaba viciado. La decoración del local era muy antigua, en las paredes colgaban viejos cuadros y lanzas sujetas con soportes. Había varias mesas y bancos y detrás de la barra del bar estanterías repletas de botellas. Un hombre rellenito y con bigote servía bebidas a los clientes. El ex comisario reconoció a algunas personas: Xavier McKinnon, Marcos Ramírez y la señorita Gómez. También vio a un hombre pequeño y de pelo gris, con las mangas arremangadas de la chaqueta sucia y las muñecas llenas de relojes de falso oro. Medio escondido bebía una cerveza. Era Julio Carralero, el famoso timador.
-Eh, Henry, aquí –escuchó de pronto-.
El comisario Gómez le llamaba por señas. Se encontraba sentado en una de las mesas más apartadas, conversando con Sebastián, el alguacil. El ex comisario se sentó con ellos. Al instante se les acercó el hombre gordo del gran bigote.
-Ya estamos todos, Samuel. Sírvenos dos cervezas y… ¿para ti, Henry?
-Para mí, un zumo de piña, por favor.
-Ah, zumos no tengo, señor, lo siento -contestó el tabernero-.
El ex comisario se fijó mejor en él. Llevaba un delantal y sujetaba un trapo y una bandeja con las manos.
-Para tomar un zumo tiene que ir al puesto de zumos de Jaime Solís. Aquí hay cerveza, vino, licores de…
-Un vino tinto entonces. ¿Qué os ha dicho Teresa Pérez? –se dirigió a los otros-.
-Que va a hacer que nos despidan porque es nuestra responsabilidad que no se haya resuelto el tema de los robos. ¡Ja! Y encima nos ha echado un sermón sobre la buena conducta que deberían tener los policías. ¡Ja!
-Señor comisario, nos tenemos que ir al mercado -interrumpió el alguacil-.
-Vaya, se me olvidaba otra vez que hoy hay mercado. ¡Tenemos que ir ahora mismo!
-Una última pregunta -dijo el ex comisario-. ¿Cómo se llama el tabernero y quién es exactamente?
-Es Samuel Maya, el dueño de la Taberna Real. Lleva toda su vida aquí, en el pueblo.
-Bien. Hasta luego.
Una vez que se hubo quedado solo en la mesa, el ex comisario se levantó y se acercó a un panel de madera colgado en la pared. El letrero de la parte superior decía: TABLÓN DE ANUNCIOS.
Había en él varios carteles, grandes y pequeños, de diversos colores:

ENCONTRADO BILLETERO VACÍO EN EL MERCADO. MARRÓN, CON CREMALLERA, SIN NINGÚN CONTENIDO. PROPIETARIO, PREGUNTE POR SAMUEL MAYA.
CLASES DE PIANO PARA JÓVENES. LUNES Y MARTES. PREGUNTAR POR ADELA RODRÍGUEZ, CALLE ALMIRANTE ORTEGA Nº 2.

De repente, al ex comisario se le ocurrió una idea. Se acercó sigilosamente a Julio Carralero y le agarró del hombro. Carralero se llevó tal sobresalto que tiró al suelo la cerveza.
-Vaya, la cerveza… -se lamentó-.
-Quiero hacerle una pregunta si no le importa –le dijo Longman-.
-Eh…sí, caballero, pregunte…
-Sabe que encontraron al anterior alcalde Ernesto Saavedra en el mercado, en el puesto del pescadero, medio loco. Vi que usted estaba husmeando por allí esa mañana… ¿vio algo, a alguien…?
-Señor, que esto…esto me va a poner en un…un…compromiso.
-Conteste y dejaré que se vaya. Si no, acabaré probablemente por entregarle al comisario Gómez.
-¡No! Lo diré todo… sí. Vi a alguien que arrastraba y dejaba en el suelo el cuerpo del alcalde. Al principio pensé que estaba muerto y avisé enseguida a Marcos Ramírez.
-Ya, de acuerdo… Váyase.
Julio Carralero, contento de poder abandonar el lugar, se fue tras dejar una moneda en la barra.
-No debe ser tan ladronzuelo como parece -pensó el ex comisario-.
Pero luego se fijó y descubrió que la moneda era de sólo dos céntimos.

“Era toda de madera, a diferencia de las casas que la rodeaban, que eran de piedra.”

Después de pagar él religiosamente a Samuel Maya, el ex comisario abandonó la Taberna Real en dirección al mercado. Durante el camino fue reflexionando sobre lo que le había dicho el timador de Carralero. Que había avisado a Ramírez y sin embargo la versión del pescadero era que había encontrado al alcalde estando él solo. ¿Quién mentía de los dos?
Al llegar al mercado se dio cuenta de que no había cambiado nada con respecto al viernes: todos los puestos estaban abiertos, la gente anunciaba sus productos, los niños correteaban por entre las casetas y la gente reía. El ex comisario avanzó hasta que llegó a sus oídos una conversación. Dos señoras estaban hablando en voz baja.
-Sí, en el puesto de Marcos Ramírez. Es horroroso.
-Pobre, sólo ha durado un día… ¿Qué le habrá pasado?
El ex comisario tuvo un mal presentimiento. Avanzó en dirección al ayuntamiento, pasó al lado de la verdulería y del puesto de zumos de Solís y llegó hasta la pescadería. Un círculo de gente se aglomeraba…
De entre el gentío salió el comisario Gómez que le hizo una seña. Sudaba y se le veía muy nervioso. Longman se acercó.
En el suelo yacía una mujer con anillos en las manos. En vez de su habitual sonrisa maléfica mostraba una mueca extraña. De la boca entreabierta le caía un hilo de saliva. Tarareaba algo y murmuraba palabras ininteligibles… Los curiosos la miraban con angustia. El ex comisario pensó para sí mismo que aquel había sido el mandato de gobierno más corto que había conocido jamás.

************

-Entre los robos, las locuras y los misterios, creo que este no será el mejor año de Atalaya Village, ¿no te parece? –preguntó el comisario a Longman-.
Se encontraban de nuevo en la sala de espera de la clínica. También estaba allí Jaime Solís, el periodista, tomando notas.
-Mmmm… no creo que sea muy conveniente que el pueblo esté sin un buen alcalde un tiempo largo. ¿No van a repetirse las elecciones? –preguntó Longman-.
-No –dijo con resignación el comisario-. Cuando ocurrió lo de Ernesto, los pocos candidatos que quedaban se echaron atrás. Excepto Teresa Pérez, claro. Como ahora ya no hay candidatos, tendremos que esperar a que aparezca uno nuevo, cosa que dudo mucho ocurra pronto. Ahora y hasta no se sabe cuándo por lo tanto, el gobierno del pueblo recae sobre…
-¡Abajo el comisario! ¡Abajo el comisario Gómez! –se oyeron unas fuertes voces-.
Los dos hombres se asomaron a la ventana. En la puerta de la clínica una enfurecida multitud arremolinada gritaba. Se había formado una pequeña manifestación, de unas cincuenta personas, en su mayoría mujeres. Algunas personas llevaban unas toscas pancartas que parecían haber sido fabricadas a toda prisa. En todas se leía lo mismo: ¡Dimite, comisario!
-…sobre mí –concluyó con tristeza el comisario-. Esas personas pertenecen a la asociación Mujeres unidas. Están pidiendo responsabilidades por todo lo ocurrido y…
-Señor comisario. Ya pueden pasar.
Se dieron la vuelta y vieron a Silvia Sánchez, la enfermera, delante de la puerta de la habitación de Saavedra. Rápidamente Gómez y Longman entraron en ella, antes que Jaime Solís que lo hizo con su cámara fotográfica en la mano.
En la habitación Ernesto Saavedra estaba durmiendo en una cama. En la de al lado se encontraba Teresa Pérez. También parecía dormida y estaba más pálida de lo habitual. Sus enormes párpados como de búho subían y bajaban al compás de su respiración. Jaime Solís comenzó a sacar fotografías.
-Son los mismos síntomas que los de Ernesto Saavedra -dijo la enfermera, molesta por los flashes de la cámara-. Probablemente gemirá por la noche.
-Bueno, gracias por todo, Silvia. Nos vamos –dijo Gómez-.
-Señor comisario, si quiere que le diga mi opinión, creo que todo esto está relacionado seguramente con la maldición… -empezó a explicar la enfermera-.
-No seas supersticiosa. Claro que no.
-¡Ah!, señor comisario, se me olvidaba. También nos han robado algo aquí, en la clínica.
-¿Sí? ¿De qué se trata?
-Los archivos. La parte que todavía quedaba porque la otra desapareció durante la primera noche de los robos.
-¿Los archivos? ¡Prepararé un artículo sobre ello! -dijo Jaime Solís-, y salió corriendo de la estancia.
-Gracias, querida. Venga, nos vamos -dijo el comisario a la enfermera una vez más-.
En cuanto llegaron a la escalera el ex comisario Longman preguntó:
-¿De qué archivos se trata?
-Algo importante pero sin aparente valor -dijo el comisario mientras apartaba una mosca con la mano-. En la clínica se guarda todo lo referente a la salud de los habitantes de Atalaya Village, historiales, información… Supongo que se lo han llevado porque no había otra cosa que robar aquí…
Al llegar a la calle vieron que no iba a ser tan sencillo enfrentarse al grupo de gente que esperaba. Los partidarios de Teresa Pérez rugieron al verles salir. Alguien les tiró unos tomates y los dos comenzaron a correr en busca de un lugar donde protegerse. Longman avanzaba lo más deprisa que podía. Consiguieron llegar a la Taberna Real. Samuel Maya, el tabernero, se apresuró a cerrar la puerta. Comisario y ex comisario se sentaron para recuperar la respiración. El local estaba casi vacío, sólo se encontraban allí Julio Carralero y otro hombre desconocido para ellos.
-De la que os habéis librado –dijo el señor Maya con el ojo puesto en la mirilla de la puerta-. La gente ahí fuera está que muerde.
El ex comisario Longman tenía varias manchas de tomate en la gabardina y el comisario Gómez parte de la cabeza blanca con pepitas de calabaza.
-Tomad -dijo el tabernero, y les ofrecía unos trapos-. Limpiaos un poco y contad qué ha pasado.
-Teresa Pérez -dijo el comisario-, también se ha vuelto loca, como Ernesto.
Se restregaba el pelo con el trapo mientras hablaba.
-Mmmm… Ya sabía yo que no duraría mucho –comentó el tabernero-. No daba la talla…
-¿Y qué es esa historia de la maldición? –preguntó Longman-.
-¿La…la maldición de la Atalaya? –tibuteó el tabernero-. No…no vale la pena hablar…hablar sobre ella.
-Silvia Sánchez ha dicho que la locura del alcalde y de la alcaldesa se debe a esa maldición. ¿De qué se trata?
-Dicen, señor, que, cuando comenzaron a levantarse las primeras casas del pueblo, vino a vivir una curandera medio bruja junto con su hija, una muchacha muy guapa. La mujer no era bien tratada por los habitantes, pues creían que les traía mala suerte. Pudo ganar algo de dinero para mantenerse prediciendo el futuro a los incautos que pasaban por su casa. Ocurrió que la hija de la curandera tuvo un accidente en una de las obras del ayuntamiento y murió. Bien, usted ya sabe, señor Longman, que el pueblo tuvo su origen y creció alrededor de la Atalaya, porque ésta era una gran fuente de turismo. Pues la curandera después de lo ocurrido a su hija maldijo para siempre al pueblo y a la Atalaya, y después se suicidó. Algunos creen en esa historia y piensan que los alcaldes del pueblo están malditos, pero hasta ahora nunca había pasado nada raro.
-Maldiciones… -murmuró por lo bajo Longman-.
-Creo que ya podéis salir, no queda nadie fuera -dijo el tabernero después de mirar a través de una ventana-.
-Un momento -dijo el ex comisario-.
Se acercó al desconocido que hablaba con Julio Carralero. El timador se levantó y se esfumó por la puerta de la taberna al instante, pero no era él quien a Longman interesaba en aquel momento. Miró bien al otro hombre que tenía delante. Era extranjero y muy alto, debía medir más de un metro ochenta. Aun con muy poco pelo, no debía tener mucho más de cincuenta años. Llamaba la atención una cicatriz en su barbilla.
-¿Quién es usted? –le preguntó el ex comisario con mirada taladradora-.
-Oh, yo soy “monsieug” Pierre Baptist. Vengo desde “Fgancia” a “visitag” este famoso pueblecito. Llegué hoy mismo, “monsieug”. Me “paguece” que el pueblo no causa una buena “impgesión”, “pego”…
-Bien…

Recapitulando
Presentación y personajes
Capítulo 1.- Robos (Primera parte)
Capítulo 1.- Robos (Segunda parte
Capitulo 2.- Crimen y explosión
Capítulo 3.- El Alijo
Capítulo 4.- El loco del mercado
Capítulo 5.- La nueva alcaldesa 2ª parte

2 comentarios:

  1. Delicioso acento el de mosieur Pierre Baptist, o Pieg, como él diga. Seguro que viene a dar mucho juego en la próxima entrega.

    Feliz día

    Bisous

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    Respuestas
    1. Muchas gracias madame. Estudia inglés y alemán, así que este acento francés lo debe de haber cogido en Francia, dónde han estado de vacaciones hace un par de años. A mi también me ha hecho gracia.
      Bisous

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Bienvenido. Gracias por tus palabras , las disfruto a tope y además aprendo.

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry

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