"La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo." Isadora Duncan

"Estoy convencido que uno de los tesoros que guardan los años es la dicha de ser abuelo"
Abel Pérez Rojas

Te quiero

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"No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela." Albert Einstein

sábado, 15 de diciembre de 2012

"Robo en casa del botánico" Capítulo VIII y IX

CAPÍTULO 8,  EN EL QUE COMIENZO CON LAS PESQUISAS Y EXAMINO LA HABITACIÓN

-Vacío – murmuré –, desaparecidas joyas valoradas en más de un millón de euros…

La gente empezaba a amontonarse en las dos puertas, en la de don Fernando y en la de Greta.

- Por favor, no pasen; por favor, no pasen, se ha cometido un robo; no pasen – les empecé a decir a los que intentaban entrar -.

-¿Cómo?, ¿Un robo? ¿Aquí en mi casa? - se oyó un grito varias habitaciones más a la derecha - ¡Maldita sea!

Era la voz de don Fernando. Ahora sabía lo del robo.

- ¿Por qué te preocupa tanto? En seguida yo resolveré el caso - le dije -.

- ¿No lo has entendido? ¡El inspector Miller! ¡Es mi peor enemigo! Es muy creído y si le tengo investigando en mi casa ¡será peor! ¡Que nadie toque los teléfonos…!

- ¡Pero si ya he llamado a la policía, cariño! - se oyó la voz de Doña Sofía -.
- No te preocupes. Voy a examinar la habitación, pero necesito que nadie me moleste - le dije -.

Al rato estábamos mirando por todas partes en busca de indicios.

- El ladrón pudo entrar y salir sólo por la ventana o por la puerta - dijo don Fernando -.

- ¡Ep! También por ahí - dije señalando una puertecita pintada del mismo color que la pared -.

- Esa puerta conecta con la habitación del signore Francesco - me dijo -.

- ¿Quién es ese? - le pregunté -.

-¡Ah! Ya te lo presentaré más tarde. Se tuvo que ir al pueblo.

Me acerqué a la puerta, tiré de ella y se abrió. Solo vi la parte baja trasera de una estantería y una montañita de polvo y pelusa.

- Lo que sigo sin entender es por qué no funcionó el sistema de alarma - decía don Fernando -.

- Por aquí no se pudo ir el ladrón. Está la estantería.

- ¡Mira ahí! – exclamó don Fernando -.
Nos acercamos a la mesa-escritorio del fondo de la habitación. Estaba situada debajo de una ventana cerrada con un pasador de cobre. Sobre el escritorio había varios estantes y en uno de ellos una pequeña carpeta en cuya cubierta ponía: “GRETA”

- Debe de ser de ella, seguro… pero, ¡qué es esto! - gritó don Fernando -.

Sobre la mesa había, perfectamente distinguible, una mancha de barro de unas tres pulgadas.

- Eso demuestra que el ladrón entró o salió por esa ventana - aventuré -.

Saqué mi cuadernito, mejor dicho - por si no os lo había contado -, mi inseparable cuadernito de cuero, y lo apunté todo.

Me asomé por la ventana. Por encima de mi cabeza estaba el tercer piso, y por debajo, una caída de unos diez metros al vacío, con un fondo cubierto de enredaderas y unas tímidas y salientes florecillas.

-¡Fíjate en eso! - le dije a don Fernando.

¿QUÉ ES LO QUE HABÍA DESCUBIERTO ENRIQUE?


- ¿Lo ves? -, enseñé a don Fernando el anillo y el arañazo en la ventana de abajo a la izquierda que acaba de descubrir -. El ladrón pudo subir por ahí y…

-¡Alto, que aún falto yo! - se oyó una risotada, y por la puerta apareció la odiosa, singular y conocida cara ¡del inspector Miller!

CAPÍTULO 9, EN EL QUE MILLER EMPIEZA A INVESTIGAR E INTERROGAMOS AL CORONEL

- Con que en tu propia casa, ¿eh? ¡Jamás había ocurrido! Don Fernando se puso rojo.

- y… ¡vaya! ¡Mira a quién tenemos aquí! ¡Al aprendiz de detective! - dijo mirándome a mí -.

- ¡Lárgate de esta habitación si no quieres que te pegue un puñetazo! - gritó Don Fernando -.

- Un momento, alto ahí, para el carro. ¿Pegarme un puñetazo a mí? – preguntó el inspector.

Entonces entró doña Sofía en la habitación y se puso a defendernos.

-¡Oiga señor Miller! ¡Que yo no lo he llamado para esto! ¡Haga lo que tenga que hacer y no…!

Nos separamos. Por el rabillo del ojo vi como el inspector se agachaba y comenzaba a examinar con lupa cada centímetro del suelo.

- ¿A quién interrogamos primero? - me preguntó don Fernando.

- Al coronel retirado, el tal Brown. Me parece que de él obtendremos pistas muy importantes.

Llamamos a la puerta de la habitación del coronel, quien no tardó nada en abrirnos. Era un hombre, por así decirlo, muy extravagante, con un gigantesco y amarillo bigote al estilo alemán. Empecé a hacerle preguntas.

- ¿Es usted el coronel inglés Vicent Brown, de 56 años, retirado, original de Inglaterra?

- Sí, lo soy – contestó -.

- Cuénteme detalladamente lo que ha hecho hoy por la mañana. Le escucho con atención.

- Me levanté muy temprano, creo que a las 3 y media, ayer me había acostado alrededor de las 9. Me desperté porque estaba escuchando pasos en el pasillo.

- Prosiga por favor.

- El mayordomo estaba delante de mi puerta. Le pedí que me trajera un vaso de agua del lavabo y me dediqué a observar. Desde hacía un buen rato había estado oyendo ruidos del rozar de unas sábanas en la habitación de enfrente, así que supuse que la señorita García ya se había despertado.

- ¿No oyó ningún ruido además del rozar de sábanas?

- No que recuerde - contestó pacientemente -.

- Discúlpenos un segundo por favor - y me alejé con don Fernando -.

Suponiendo que su testimonio fuera cierto, era imposible que el robo se hubiera cometido después de las tres. Sólo podía haberse cometido en noche cerrada.

Saqué mi cuadernito de notas y lo apunté. Después volvimos con el interrogatorio.

- Cuéntenos por favor todo lo que hizo ayer antes de acostarse – proseguí -.

- Después de la cena subí a mi habitación a tomarme mis medicamentos, unas pastillas efervescentes con agua. Le había pedido al mayordomo con antelación que me lo dejara todo preparado. Cuando me había bebido la medicación y me disponía a bajar a la fiesta de nuevo, empecé a sentir un sueño pesado. Les dije a los señores Fínnigan y Francesco, que se encontraban en el pasillo, que le comunicaran a usted - se dirigió a don Fernando -, que no iba a continuar en la fiesta. Después de esto me acosté y me dormí en seguida. Por la noche, entre sueños, oí muchos ruidos, como pasos, quejidos, el ruido como de una manguera al ser cortada…

- Igual que yo – pensé -.

En ese momento se abrió bruscamente la puerta de la habitación y entró el mayordomo. Al vernos se quedó parado, como sin saber qué hacer.

- ¿Qué ocurre? - le preguntó don Fernando -.

- Es que… el coronel me llamó para pedirme un favor - dijo de carrerilla -.

- ¡Pero si yo no he llamado a nadie! - contestó Brown.

- Bueno. Me habré equivocado, - y se fue sin más explicación -.

Entonces pasé a la segunda parte del trabajo: la observación. Repasé la habitación con la mirada. De repente grité, ¡ya lo tengo!

¿QUÉ ES LO QUE ENRIQUE HABÍA DESCUBIERTO?


Saqué de detrás de unas macetas de la estantería un frasquito en el que estaba escrito en letras pequeñas: “NARCÓTICO”

- ¿Sabía usted algo de esto? - le pregunté -.

- ¿Qué me narcotizaron? No tenía ni idea - me contestó -.

- Dígame cuál es el vaso que utilizó para tomarse los medicamentos.

- Ese de ahí, el que está encima de la mesa.

Lo cogí y olfateé el interior.

-¡Qué raro! – pensé - no tiene olor a narcótico...

Lo apunté todo en mi cuadernito.

- Una última pregunta señor. ¿Bebió usted algo durante la cena de anoche, aparte de agua?

- ¿Yo? ¡Ni en sueños! No bebo nada aparte de agua.

-Eso es todo - dijo don Fernando -, gracias por su ayuda y…

¡¡¡JA, JA!!! - se oyó un grito -. ¡¡¡Lo que he encontrado!!!

Los dos corrimos a la habitación de Greta. El que había soltado ese grito era, sin duda, el inspector Miller.

Capítulos VI y VII

Próximos Capítulos  10 y 11  :  Sábado 5  de Enero

10 comentarios:

  1. ¿Habéis pensado presentarlo a algún cocurso de cuentos infantiles?
    Un abrazo

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    1. No lo se. Parece ser que no le queremos dar más importancia. Esperamos el devenir de los tiempos. Ahora está escribiendo otra:-)
      Bss y gracias por los ánimos.

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  2. Respuestas
    1. Gracias por estar Javier. A el le encanta leer los comentarios.
      Un abrazo

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  3. jaja muy bueno me encanto y tambien los dibujos

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    1. Los dibujos tienen su miga. Me he vuelto mico para encontrar el frasco de los venenos. Pero el los explica con toda la naturalidad. Gracias por comentar.
      Bss

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  4. Bueno, ya me he puesto al día, por fin!
    Encantador y prometedor este joven autor. Hay que alentarlo en su carrera, porque algún día dará mucho que hablar. Cómo nos hace devanarnos los sesos con misteriosos mensajes de Celia y aparentes gamberros que apagan la luz!
    Ahora me deja con la intriga acerca de ese grito del inspector Miller.

    Feliz domingo, y un beso enorme para el joven autor.

    Bisous

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    1. Muchas gracias madame y no sabe lo que valoro su comentario. Ojalá siguiera escribiendo y tuviera talento para ello. Habrá que esperar. En su sencillez e ingenuidad si que está entretenido el guión.
      Bisous

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  5. Bueno, hoy nos ha dejado con la miel en los labios. Esto se pone interesante. besos y feliz semana

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    1. Muchas gracias Fernando. Es gracioso como divide sus capítulos. Unos cortos, otros más largos. Pero no lo hace mal. Yo lo voy leyendo a la par que vosotros.
      Un abrazo y buena semana

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Bienvenido. Gracias por tus palabras , las disfruto a tope y además aprendo.

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry