"La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo." Isadora Duncan

"Estoy convencido que uno de los tesoros que guardan los años es la dicha de ser abuelo"
Abel Pérez Rojas

Te quiero

Te quiero

"No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela." Albert Einstein

martes, 27 de abril de 2010

El cuento de Latiff


Latif era el pordiosero más pobre de la aldea.
Cada noche dormía en el zaguán de una casa diferente, frente a la plaza central del pueblo.
Cada día se recostaba debajo de un árbol distinto, con la mano extendida y la mirada perdida en sus pensamientos.
Cada tarde comía de la limosna o de los mendrugos que alguna persona caritativa le acercaba.
Sin embargo, a pesar de su aspecto y de al forma de pasar sus días, Latif era considerado por todos, el hombre más sabio del pueblo, quizás no tanto por su inteligencia, sino por todo aquello que había vivido.
Una mañana soleada el rey en persona apareció en la plaza. Rodeado de guardias caminaba entre los puestos de frutas y baratijas buscando nada. Riéndose de los mercaderes y de los compradores, casi tropezó con Latif, que dormitaba a la sombra de una encina.
Alguien le contó que estaba frente al más pobre de sus súbditos, pero también frente a uno de los hombres más respetados por su sabiduría.
El rey, divertido, se acercó al mendigo y le dijo:
- “Si me contestas una pregunta te doy esta moneda de oro.”
Latif lo miró, casi despectivamente, y le dijo:
-“Puedes quedarte con tu moneda, ¿para qué la querría yo? ¿Cuál es tu pregunta?
Y el rey se sintió desafiado por la respuesta y en lugar de una pregunta banal, se despachó con una cuestión que hacía días lo angustiaba y que no podía resolver. Un problema de bienes y recursos que sus analistas no habían podido solucionar. La respuesta de Latif fue justa y creativa. El rey se sorprendió; dejó su moneda a los pies del mendigo y siguió su camino por el mercado meditando lo sucedido.
Al día siguiente el rey volvió a aparecer en el mercado. Ya no paseaba entre los mercaderes, fue directo a donde Latif descansaba, esta vez bajo un olivar. Otra vez el rey hizo una pregunta y otra vez Latif la respondió rápida y sabiamente. El soberano volvió a sorprenderse de tanta lucidez. Con humildad se quitó las sandalias y se sentó en el suelo frente a Latif.
-Latif, te necesito” le dijo.
“Estoy agobiado por las decisiones que como rey debo tomar. No quiero perjudicar a mi pueblo y tampoco ser un mal soberano. Te pido que vengas a palacio y seas mi asesor. Te prometo que no te faltara nada, que serás respetado y que podrás partir cuando quieras… por favor.”
Por compasión, por servicio o por sorpresa, el caso es que Latif, después de pensar unos minutos, aceptó la propuesta del rey. Esa misma tarde llegó Latif a palacio, en donde inmediatamente le fue asignado un lujoso cuarto a escasos doscientos metros de la alcoba real. En la habitación, una tina de esencias y con agua tibia lo esperaba. Durante las siguientes semanas las consultas del rey se hicieron habituales.
Todos los días, a la mañana y a la tarde, el monarca mandaba llamar a su nuevo asesor para consultarle sobre los problemas del reino, sobre su propia vida o sobre sus dudas espirituales.
Latif siempre contestaba con claridad y precisión.El recién llegado se transformó en el interlocutor favorito del rey. A los tres meses de su estancia ya no había medida, decisión o fallo que el monarca no consultara con su preciado asesor.
Obviamente esto desencadenó los celos de todos los cortesanos que veían en el mendigo-consultor una amenaza para su propia influencia y un perjuicio para sus intereses materiales.
Un día todos los demás asesores pidieron audiencia al rey.
Muy circunspectos y con gravedad le dijeron.
- “Tu amigo Latif, como tú le llamas, está conspirando para derrocarte.”
- “No puede ser” - dijo el rey- “No lo creo.”
- “Puedes confirmarlo con tus propios ojos” - dijeron todos “Cada tarde a eso de las cinco, Latif se escabulle del palacio hasta el ala Sur y en un cuarto oculto se reúne a escondidas, no sabemos con quién.
-Le hemos preguntado a dónde iba alguna de esas tardes y ha contestado con evasivas.
Esa actitud terminó de alertarnos sobre su conspiración.”
El rey se sintió defraudado y dolido.
Debía confirmar esas versiones. Esa tarde a las cinco, aguardaba oculto en el recodo de una escalera. Desde allí vio cómo, en efecto, Latif llegaba a la puerta, miraba hacia los lados y con la llave que colgaba de su cuello abría la puerta de madera y se escabullía sigilosamente dentro del cuarto.
- “¿Lo visteis?” - gritaron los cortesanos - “¿Lo visteis?”
Seguido de su guardia personal el monarca golpeó la puerta.
- “¿Quién es?” dijo Latif desde adentro.
- “Soy yo, el rey” - dijo el soberano - “Ábreme la puerta.”
Latif abrió la puerta.
No había allí nadie, salvo Latif.
Ninguna puerta, o ventana, ninguna puerta secreta, ningún mueble que permitiera ocultar a alguien. Sólo había en el piso un plato de madera desgastado, en un rincón una vara de caminante y en el centro de la pieza una túnica raída colgando de un gancho en el techo.
- “¿Estás conspirando contra mí Latif?” - preguntó el rey
-. “¿Cómo se te ocurre, majestad? - contestó Latif - “De ninguna forma, ¿por qué lo haría?”
- “Pero vienes aquí cada tarde en secreto. ¿Qué es lo que buscas si no te ves con nadie? ¿Para qué vienes a este cuchitril a escondidas?
Latif sonrió y se acercó a la túnica rotosa que pendía del techo. La acarició y le dijo al rey:
“Hace sólo seis meses cuando llegué, lo único que tenía eran esta túnica y este plato y esta vara de madera. Ahora me siento tan cómodo en la ropa que visto, en tan confortable la cama en la que duermo, es tan halagador el respeto que me das y tan fascinante el poder que regala mi lugar a tu lado… que vengo cada día para estar seguro de no olvidarme de
“QUIÉN SOY Y DE DÓNDE VINE”.
Jorge Bucay


Jorge Bucay es un psicodramatista, terapeuta gestáltico y escritor argentino. Nació en Buenos Aires en 1949, en una familia modesta del barrio de Floresta. Se graduó como médico en 1973, en la Universidad de Buenos Aires, y se especializó en enfermedades mentales en el servicio de interconsulta del hospital Pirovano de Buenos Aires y en la clínica Santa Mónica.

16 comentarios:

  1. A mi me hace gracia que un mendigo diga que para que quiere la moneda, jiji. Hombre, pues por ejemplo para así dejar de pedirselas todos los dias a otros que tienen muchisimo menos que el rey. Por ejemplo.Porque claro, si de verdad no necesitara pedirlas estaría bien rechazarla, sí. Pero es que él pide!

    Feliz dia, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  2. Madame está muy razonada esta cuestión de pedir o no pedir. Y muy aguda la observación. Pero al hombre tal vez lo que le debió de molestar es la soberbia del Rey. Cuando el Rey se sentó frente a el ya no le trató con prepotencia y desprecio, sino de igual a igual. Esa es la respuesta que yo le encuentro. Hay formas de pedir. Claro cómo no soy la autora del cuento pues igual no tiene respuesta :)
    Bisous

    ResponderEliminar
  3. Hola Katy:
    Qué fácil es olvidar nuestro "oscuro" pasado, ¿verdad?
    Conozco muchas personas que se olvidan de su pasado de desempleado buscando desesperadamente un empleo y ahora desde sus poltronas miran a todo el mundo como si ellos hubiesen inventado la rueda.
    Pero también conozco a muchos latif, afortundamente. Me quedo con estos últimos.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Hola katy!! Muy bueno amiga, Conozco a Bucay, muchos de sus textos han sido utilizados como libros de autoayuda. Este es um hermoso relato que demuestra una vez más que la sabiduría no está en la riqueza marterial sino en las experincias vividas.
    Feliz martes!!
    Besosssss

    ResponderEliminar
  5. Hola javier uno nunca debe de olvidadar su procedencia, y menos cuando ha alcanzado un sitio "importante" segú lo entendemos ahora ser símbolo económico, político, de belleza, de popularidad etc. Cuanta gente reniega de su condición lo oculta o miente sobre ello.
    Somos tosdo lo que hemos sido, y mentirse a uno mismo ya es incapacitante.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. Hola Gabriela Bucay es médico y se dedicó a la psicologia gestáltica. Efectivamente tiene libros de autoayuda.
    Pro sus cuentos son estupendos también.
    Besos

    ResponderEliminar
  7. He leido mucho a Jorge Bucay, y creo que podría destacar su busqueda por enfrentarse ante los desafíos de la vida.
    Enseña a anticipar el PUEDO al QUIERO....
    Sus fábulas son claros mensajes de autoestima y crecimiento.
    Buen post.
    Salu2

    ResponderEliminar
  8. Hola Toni, pienso que todo lo que se escribe para que nos sintamos mejor, lo que nos ayude a a pensar en positivo y a mejorar como personas es bueno. Al menos esa es mi experiencia personal.
    He crecido gracias a que otros que me han abierto camino.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  9. Una buena lección de que por muy alto que subamos y mucho que nos eleven, nunca debemos olvidar de dónde venimos, porque las consecuencias pueden ser peores... más dura será la caída, se suele decir.
    Besos Katy.

    ResponderEliminar
  10. En la conclusión del cuento está el meollo.
    Por mucho que nos elevemos, siempre debemos recordar de dónde venimos.
    A mí también me gustan mucho los cuentos de Bucay, siempre enseñan algo.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  11. Hola Nikkita, el cuento es real como la vida misma. Nunca hay que presumir de nada. Somos uno más y ña naturaleza nos lo demuestra cada dí. Y efectivamente la caída es en picado.
    besos

    ResponderEliminar
  12. Hola Candy los cuentos de Bucay están fundamentados en la realidad de la vida. Y sus enseñanzas son universales. Forman parte de nuestra naturaleza.
    Besos

    ResponderEliminar
  13. Hola mi querida Katy!!!
    Una alegría inmensa encontrar tus commentarios, gracias! que Dios te pague tan bonitas exoresiones, las siento muy de cerca.
    Y... estoy bien, con tareas de olvidar ciertas cosas ingratas, pero ya! seguiré soñando, hasta creo que está mejor que los sueños queden ahí... como sueños... para no perderlos nunca!

    Tu post como siempre! aleccionador!
    Lo encuentro a Bucay muy claro y realista... muchos nos olvidamoes de nuestra raíz... y me recuerda a los políticos de mi pais... personalmente conozco a uno... que tomaba café conmigo sentado en las veredas durante las manifestaciones callejeras... más hoy que es un gran Parlamentario... apenas saluda...

    Bueno amiga, espero estar por aquí al menos dos veces a la semana... me gusta leer a la gente linda como tú.

    Un abrazo gigante! y gracias!

    ResponderEliminar
  14. Me alegro Marilupy de que estés bien y puedas ir superando estos contratiempos que han tenido apartada del mundo virtual. Y sobre todo agradezco tus palabras. Si que es verdad que me he pasado a preguntar por ti, pero es lo menos que podía hacer.
    Gracias por tu testimonio. Hay personas así como el que describes, yo también conozco unos cuantos, pero peor para ellos. No saben lo que se pierde,
    besos y me alegro de verte. Cuidate y no desaprezcas!!!

    ResponderEliminar
  15. Hola Katy:
    No es que sea importante saber quiénes somos y de dónde venimos, es que es fundamental para tener una vida sana y feliz.
    Hermoso cuento. Un abrazo

    ResponderEliminar
  16. Estoy de acuerdo contigo, es fundamental para vivir saber nuestros orígenes y el por qué, para poder forjarnos nuestra propia identidad y no sea este un carnet falso.
    Abrazos y feliz finde Rafa

    ResponderEliminar

Bienvenido. Gracias por tus palabras , las disfruto a tope y además aprendo.

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry