"La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo." Isadora Duncan

"Estoy convencido que uno de los tesoros que guardan los años es la dicha de ser abuelo"
Abel Pérez Rojas

Te quiero

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"No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela." Albert Einstein

sábado, 23 de mayo de 2015

Cuestión de razonamiento



CUESTIÓN DE RAZONAMIENTO

-Dudo mucho que podamos hacerlo.
-Si tuviésemos alguna pista…, pero la habitación quedó completamente desierta.
-La ventana cerrada, la puerta también… ¿es posible que haya sido la asistenta?
Llamaron con varios golpes secos al despacho. El inspector Estévez se levantó de su asiento situado frente al del comisario Clemente y abrió la puerta. En la entrada estaba un agente vestido de azul.
-Señor comisario, hay aquí fuera alguien que pregunta por usted.
-Hazle pasar -replicó el comisario-.
Un segundo después apareció en el umbral un hombre joven. Vestía una chaqueta marrón y unos pantalones de pana oscuros. No tenía bigote ni barba, no llevaba gafas ni cualquier otro complemento. Usaba un sombrero estilo Indiana Jones. Po los rasgos parecía del lugar. Agitó la mano a modo de saludo.
-¿Sí? -preguntó el comisario-. El hombre le alargó una tarjeta.
-“Alfredo Santos. Detective privado” -leyó el comisario en alta voz-. Tome asiento. ¿Y bien?
-Usted es el comisario Clemente bajo cuya jurisdicción se encuentra la Villa de Luesia, ¿no?
-Así es. Usted, señor Santos, viene supongo, a ayudarnos con el caso Luesia, ¿no?
-Por supuesto. Tengo mis fuentes de información y me enteré del asunto, pero necesito detalles. ¿Sería usted tan amable de dármelos?
-Bueno, no hay ningún problema -dijo el comisario al tiempo que movía un poco su poblado bigote.- El robo tuvo lugar en la Villa de Luesia hace un par de días, en la casa de uno de los vecinos, el señor Vicente Rodríguez. Allí se hospedaban con él desde ese mismo día su prima Leticia Gil y el marido de ésta, un tal Rodolfo Ortiz. En el domicilio trabaja habitualmente una asistenta, Juana Fuertes, que se encarga de limpiar, planchar y cocinar durante cinco horas diarias. Aquel fatídico día, el señor Rodríguez salió a medio día del comedor después del café, como lo habían hecho ya sus dos parientes y subió a su habitación a dormir la siesta.
El comisario hizo una pausa para carraspear, tomó el aire y prosiguió.
-Dos horas después, el señor Rodríguez se levantó y se dirigió al salón de estar, con la intención de ponerse a leer un libro. La puerta está habitualmente cerrada con cerrojo para seguridad de los objetos de valor que guarda allí, así que fue antes a coger la llave a la cocina, donde Juana estaba fregando los platos. Cogió la llave de encima de la mesa, fue al salón, entró y, ¡sorpresa! ¡El cuadro valorado en diez mil euros que habitualmente colgaba sobre la chimenea había volado! Rápidamente telefoneó a la policía. Llegué un cuarto de hora más tarde. El pobre hombre estaba hecho un manojo de nervios. Comprobé que las ventanas del salón estaban cerradas por dentro, por lo que era imposible que alguien hubiera entrado en la estancia por ellas.
-En ese caso, sólo hay cuatro sospechosos -murmuró el detective-.
-Interrogamos a los cuatro sospechosos –tomó la palabra el inspector Estévez-. Al propio Vicente Rodríguez, a su prima, al marido de ella y a la asistenta. El dueño contó todo lo que el comisario ha relatado hace un momento. Su prima me dijo que había estado leyendo en su habitación media hora después de comer y que luego durmió la siesta hasta que la despertamos. Ortiz afirmó haber estado paseando por la calle hasta que recibió nuestra llamada. Pudo probarlo, se había sacado unas fotografías con unos amigos delante del Ayuntamiento. Y la asistenta, Juana, estuvo ocupada con las tareas domésticas en la cocina todo el tiempo. Ella fue la única que tuvo la posibilidad de coger y usar la llave, y, dado que nadie más afirmó haber estado en la cocina, es la sospechosa principal.
-¿El cuadro estaba asegurado? –preguntó el detective Santos-.
-Sí, pero el señor Rodríguez sigue exasperado. Dice que el valor monetario no es lo mismo…-explicó el comisario-.
-¿Cómo es el salón?
-Es rectangular, tiene un par de estanterías al fondo, sofás a los lados, una mesa en medio y una chimenea en una esquina – aclaró el inspector-. En la pared de la chimenea como le he explicado es en la que estaba el cuadro.
-¿Registraron bien el salón?
-Claro que sí. Miramos detrás de las estanterías, bajo los sofás…
-¿Tiene alfombra el salón?
-Alf… ¿alfombra? Sí, hay una… - musitó el inspector-.
-¿Y miraron también debajo de ella?
-¡Maldita sea! ¡Se me olvidó mirar bajo la alfombra! –contestó el inspector con una subida del tono de voz-.
-¿Cómo? -dijo el comisario- ¡Vaya allí ahora mismo! ¡Registre bien la casa hasta ponerla patas arriba!
El inspector pegó un bote en su silla y, sin coger si quiera su abrigo de la percha, salió a toda prisa del despacho.
-Puede que el cuadro se encuentre pero… ¿y si el ladrón utilizó guantes para no dejar huellas dactilares? -refunfuñó el comisario-. No le cogeríamos.
-No nos fijemos en el cuadro, sino en los sospechosos. El comportamiento de uno de ellos es bastante llamativo.
-¿El de cuál? –preguntó el comisario-.
-Veamos. La prima estuvo leyendo tranquilamente en su habitación. Su marido tiene coartada. La señora Juana hizo su trabajo de siempre. ¿Y el señor Rodríguez? Duerme una siesta, se dirige a leer al salón y se da cuenta de que ha olvidado coger la llave. Mi pregunta es: ¿cómo notó después nada más entrar al salón que faltaba el cuadro?
-Sí…eso es raro. Pero, ¿cómo podría haber entrado a robarlo sin la llave?
-Cuando las ventanas estaban cerradas, está pensando ¿verdad? – sugirió el comisario-.
-Eso es.
-Bien. He aquí mi teoría. El señor Rodríguez salió de la casa sin ser visto después de bajar de su habitación. Entró en el salón por una de las ventanas, que horas antes había dejado abierta. Cogió el cuadro, lo guardó en un lugar seguro, salió por la ventana, entró de nuevo en la casa y fue a coger la llave a la cocina. Por último entró en el salón, cerró la ventana y rápidamente hizo una llamada a la policía.
-Pero eso mismo pudo haberlo hecho la asistenta, o también la prima…
-La señora Gil debía desconocer la existencia de la llave, dado que era el primer día que se hospedaba en casa de su primo, y la asistenta Juana estaba ocupada en la cocina lavando…tendría que haber dejado alguna huella, una mancha de jabón… Fue el señor Rodríguez, imagino que andaba escaso de dinero y quería cobrar el seguro sin perder su cuadro.
-¡Increíble! ¡Y lo ha deducido en un momento! –se admiró el comisario-.
El detective se levantó y cogió su sombrero.
-Acuérdese de mí señor Clemente si tiene algún problema. Buena suerte en la Villa de Luesia.
Salió del despacho con un gesto de despedida El comisario quedó allí, meditando, hasta que sonó el teléfono. Era el inspector Estévez.
-¿Y el cuadro?
-Bajo la alfombra, señor. Estaba bajo la alfombra…
El comisario se volvió hacia la puerta por donde había desaparecido el detective unos momentos antes.
-Y no he podido ni darle las gracias –se lamentó-.
El coche de Alfredo Santos se perdía ya en el horizonte.

(Hércules XXI)

Este relato policíaco resultó ser el ganador del primer premio en el X CERTAMEN LITERARIO A.C. FAYANÁS en la Modalidad Nacional “Cuentos” (2014) (Enrique lo escribió 12 años)

Los que seguís lo relatos infantiles del blog sabéis que empezó haciendo sus pinitos desde muy pequeño. Buscando este premio resulta que me equivoqué de blog y lo publiqué en Pasitos Cortos.

Este año 2015 con 13 años ha vuelto a ganar otro primer premio en la XXI EDICIÓN CONCURSO LITERARIO CUENTOS DEL AULA. Lo publicaré a continuación de este se titula "Los cuatro amigos de Bullaque"
Tendré que crear otra categoría y por relato juvenil.

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias Javier. Cuanto tiempo sin aparece por aquí. Pero es que ando un poco ocupada con mi madre y el resto de la familia.
      Un cálido abrazo

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  2. Katy, qué estupendo! Ya sabía yo que el detective Enrique tenía una prometedora carrera por delante. Y parece que las promesas se están convirtiendo ya en realidades.

    Feliz semana.

    Bisous

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    Respuestas
    1. Cierto que siempre lo has dicho aunque era muy pequeño. Pero ya se va haciendo sus pinitos, con relatos más cortos. Sus padres le animaron a concursar y hasta ahora los presentados han salido premiados. Bisous y gracias

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Bienvenido. Gracias por tus palabras , las disfruto a tope y además aprendo.

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry

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