"La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo." Isadora Duncan

"Estoy convencido que uno de los tesoros que guardan los años es la dicha de ser abuelo"
Abel Pérez Rojas

Te quiero

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"No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela." Albert Einstein

viernes, 25 de julio de 2014

El Enigma de la Atalaya. 8.- La incursión


Por la noche el ex comisario bajó para cenar con el comisario Gómez. Estaba lloviendo y se oía el repiqueteo de las gotas contra el tejado. El comedor del hostal era circular, tenía varias mesas y una barra - cafetería. La dueña, una mujer de nombre desconocido para el ex comisario, se encontraba allí limpiando vasos. Al verlos entrar se metió en la cocina sin decir palabra.
-Tenemos que reflexionar –dijo el ex comisario-. He apuntado todos los detalles, léelos.
El comisario cogió la libreta que su compañero le tendía y leyó:
HECHOS:
11/MAYO/MARTES - Descubrimiento de los primeros robos.

13/MAYO/JUEVES - Descubrimiento de la desaparición del alcalde Ernesto Saavedra, intento de asesinato de Emilio Watson, destrucción del hostal Atalaya Queen y descubrimiento de alijo de cocaína en el museo de antigüedades.

14/MAYO/VIERNES, reaparición de Ernesto Saavedra en el mercado.

15/MAYO/SÁBADO, elecciones, Teresa Pérez elegida.

16/MAYO/DOMINGO, descubrimiento de robos por segunda vez, ataque de locura de Teresa Pérez en el mercado.

17/MAYO/LUNES, intento de envenenamiento del ex comisario Longman y del comisario Gómez con cianuro.

PERSONAS INTERROGADAS SOSPECHOSAS:
Jaime Solís, periodista, recién llegado al pueblo, puede estar manejado por Emilio Watson.
Adela Rodríguez, profesora de piano, recién llegada al pueblo, posible relación con el crimen debido a la música de piano escuchada durante la noche.
Marcos Ramírez, pescadero, Ernesto Saavedra fue encontrado en su pescadería.
Xavier McKinnon, director del museo, sospechoso por el alijo de droga encontrado en las espadas del museo y por ser propietario de un piano.
Manuel Anselmo, director del banco, posiblemente relacionado con el intento de envenenamiento del comisario Gómez y del comisario Longman.
Luis Álvarez, mayordomo del alcalde; según Marta Smith, no existe.
Silvia Sánchez, enfermera de la clínica, recién llegada al pueblo.
Pierre Baptist, turista francés.
Julio Carralero, desocupado, relación poco probable con el crimen.

COSAS QUE ACLARAR:
Luis Álvarez, ¿existe realmente?
En caso negativo, ¿quién salió a recibirnos en casa del alcalde?
Ernesto Saavedra, ¿cómo llegó al puesto de pescado? ¿Por su propio pie o le llevó alguien? ¿Y Teresa Pérez? La locura de ambos, ¿a qué es debida?
Si no fue Manuel Anselmo, ¿quién robó las cervezas y envenenó el vino?
En ese momento se oyó un fuerte golpe. Provenía de la puerta. Una milésima de segundo después se repitió y la dueña del hostal se apresuró a abrir. En el umbral apareció una persona encorvada, vestida con un traje marrón y un chubasquero, chorreaba agua por la lluvia. Entró, pasando por delante de la dueña del hostal y se sentó en la misma mesa que el comisario y que Longman.
-“Comisaguio”… -murmuró, y se llevó las manos a la capucha-.
Antes de que se descubriera, el ex comisario supo de quién se trataba.
-Señor Baptist…ejem…
-¡Tengo que “infogmagle” de algo!
El francés agarró al comisario por los hombros y lo zarandeó tanto que sus gafas le resbalaron hasta la punta de la nariz. El comisario se las colocó bien y miró fijamente al extranjero, el cual se balanceó un poco en el banco antes de continuar.
-¡Tiene que “ayudagme”! La “togue” del monte, ¡la “togue”!, algo pasa ahí.
-¿La Atalaya? ¿Qué hay de raro en ella?
-Anoche…anoche vi algo. U…un “bguillo” “extgaño” en lo alto, un “bguillo” de luz “amaguilla”, que “pagpadeaba”, como si algo se moviese. Tiene que “veg” con los “misteguios” del pueblo, ¡estoy “segugo”!
-Esto…ejem…
-¡Intenté “investigag”! ¡Yo! ¡”cgucé” la “vegja” y subí “pog” el camino del monte!
-¡El camino maldito! -dijo de pronto la posadera que había quedado oculta en las sombras del comedor-.
-¿Camino maldito? –preguntó Longman-.
-Sí, sí, el que lleva a la Atalaya -contestó ella atemorizada-. El camino maldito, o camino del infierno como lo llamamos también. Comienza al final del mercado, tras una verja mohosa, y lleva a la torre. Se dice que quien lo recorre sufre un accidente al llegar a su destino.
-¿Y qué ocurrió? -preguntó el comisario al extranjero-.
-Llegué a la “togue”. Me “acegqué” y…y “entgué”. “Dentgo” oí voces, voces que discutían.
-¿De hombre, de mujer o de ambos tipos?
-Una voz “ega” más grave que la “otga”, así que creo que se trataba de un hombre y una mujer.
-¿Jóvenes?
-“Cgueo” que eran voces de jóvenes. La de la “mujeg” “paguecía” más “mayog” que la del “hombgue”.
-¿Y qué decían? ¿Qué decían? – acució Gómez-.
-No estoy “segugo” -contestó el francés con un encogimiento de hombros-.
-Mmmm…camino maldito…bien, voy a subir por él -dijo el ex comisario Longman-.
-¡No! -exclamó el francés, y dio un salto -. ¡Es “vegdad”!, ¡está maldito! ¡No lo haga!
-Pero… ¿no hay ningún otro camino para llegar hasta allí?
-Lo había, pero hace varios años hubo desprendimientos en la ladera. Sin un buen equipo de montaña y una gran experiencia en la escalada no se puede subir por otra parte.
- No me queda otra opción que ir por el camino maldito.

************

Tranquilizaron al francés y consiguieron que se fuese tranquilo. Pudieron terminar la cena. En un momento dado, a la dueña del hostal se le ocurrió beber un poco de zumo y les ofreció a sus clientes probarlo.
-¿Quieren un poco de zumo, señores?
-Sí, un poquito…gracias –dijo el comisario-.
-¿Y usted, señor Longman?
-De acuer… un momento ¡zumo! –gritó sin causa aparente-¡Zumo! -repitió- ¡¿Cómo no se me ha ocurrido antes?!
Se levantó de un salto, agarró su bastón y, como un huracán, se dirigió a las escaleras y desapareció. Unos minutos más tarde bajó y se sentó de nuevo a la mesa. Al terminar, el ex comisario Longman se dirigió a la dueña del hostal.
-Señora, por favor, cuando se vaya a la cama, enciérrese con llave y pásela por debajo del marco de la puerta para que yo pueda recogerla al otro lado.
-Bien, señor Longman, pero… ¿para qué…?
-Mañana se lo digo.
El ex comisario subió a su habitación y dejó a la dueña del hostal muy aturullada. Gómez había subido ya antes que él. Al verle llegar por el pasillo muy concentrado en sus pensamientos le preguntó:
-¿Qué hay? ¿Encuentras algo raro en…?
-Tengo que encerrarte en tu cuarto. Yo no tomé.
-¿En…encerrarme? ¿Y no tomaste qué?
-Mañana te lo explico.
Una vez el ex comisario hubo encerrado al comisario Gómez con llave, se la guardó en el bolsillo de la gabardina.
-Que tengas dulces sueños… de robos.
-¿Robos? –gritó Gómez desde el otro lado de la puerta-. ¿Pero qué…? ¡Eh! ¡Abre!
El ex comisario ya no podía oírle. Atravesó el pasillo, bajó las escaleras y se dirigió hacia la puerta de la habitación de la dueña del hostal. En el suelo, delante de la puerta vio una llave pequeña, dorada como la del comisario Gómez.
-¿Está ahí, señor Longman? -oyó una voz femenina al otro lado-.
-Correcto- confirmó el ex comisario-.
-¿Para qué quiere la llave? –continuó la mujer-.
-Esta noche no le robarán nada, querida.
-Oiga… ¡Oiga, señor Longman! ¡Oiga!
El ex comisario ya se había marchado.

************

A paso ligero considerando la especial dificultad del ex comisario para caminar, Longman se dirigió a la plaza del pueblo. A esas horas todavía quedaban algunas luces encendidas, entre otras las de la Taberna Real y las de una tienda de comestibles. Entró en la taberna. Miró el reloj, marcaba las 22:40. El tabernero estaba limpiando unas jarras. En su habitual mesa del fondo, vestido de negro también como siempre, se encontraba Julio Carralero.
-Buenas noches, señor Longman - lo saludó Samuel Maya al salir de detrás de la barra-. ¿Desea algo? Voy a cerrar ya.
–Señor Maya, voy a pedirle un favor. Después de cerrar, al acostarse, ciérrese con llave y luego rómpala en pedazos, ¿me ha entendido? Enciérrese de manera que no pueda salir por sí mismo.
-Pero, señor Longman…
-Así no le robarán, hágame caso.
-Esto…sí, señor Longman.

************

Desde la taberna Longman fue a la tienda de comestibles, para entonces cerrada, y se escondió detrás de unos contenedores del exterior. Unos minutos después salió de la taberna una figura encapuchada que se dirigió a una de las esquinas de la plaza, era Julio Carralero. El ex comisario lo siguió, llegaron al río y lo vadearon por uno de los frágiles e inclinados puentes de madera, Longman siempre detrás. Julio Carralero se estaba internando en el mercado, que presentaba un aspecto muy diferente del de la mañana a esas horas. Estaba oscuro y silencioso. Unas luciérnagas se movían en grupos por entre los puestos. Rodeó la carpa del puesto de zumos y continuó andando hasta que llegó a una mohosa verja de hierro tras la cual sólo se veían árboles. La verja estaba medio caída, salida de sus goznes. Tenía un color mezcla de gris, rojo ladrillo y un verde muy feo, y apenas se veía, pues estaba muy disimulada entre los árboles.
Atravesó la verja y se perdió en la oscuridad. El ex comisario hizo lo mismo pero con más dificultad y comenzó a subir por el camino. Realmente era el camino del infierno porque nadie había hecho el menor esfuerzo por cuidarlo; estaba lleno de piedras, entre las que se le quedaba enganchado a Longman el bastón, y cubierto de hierbajos mojados y resbaladizos, en tal cantidad que costaba distinguir el camino bajo la luz de la luna. Hubo momentos en los que el ex comisario perdía de vista la negra figura de Carralero. De repente, el ex comisario dio un tropezón y cayó de bruces en contra el suelo. Se fijó en el cable eléctrico que pasaba a un lado del camino con el que había tropezado. Sin prestarle más atención, siguió caminando hasta que lo tapó una inmensa sombra. Una nube, pensó. Un momento después, se dio cuenta de que se equivocaba.
Era la Atalaya.
Allí se alzaba la enorme torre en la que terminaba el camino del infierno. Medía más de veinte metros de altura y tendría una anchura tal que sólo cuarenta personas agarradas en círculo de la mano podrían rodearla. Estaba medio derruida y marcada por grandes agujeros. Algunas ventanas cercanas a los huecos se habían unido entre sí. Era toda de piedra gris pero se veían asomar las vigas marrones, verdes y envejecidas en muchos lugares de la estructura.
Longman dio una vuelta con gran sigilo al imponente edificio en busca de Julio Carralero. Lo encontró delante de lo que parecía haber sido el portón. Entonces ya no había portón, sólo un gran hueco en la pared. Vio como el ladronzuelo entraba y el ex comisario le siguió. Eran las 23:00 horas.

Recapitulando
Presentación y personajes
Capítulo 1.- Robos (Primera parte)
Capítulo 1.- Robos (Segunda parte
Capitulo 2.- Crimen y explosión
Capítulo 3.- El Alijo
Capítulo 4.- El loco del mercado
Capítulo 5.- La nueva alcaldesa 2ª parte
Capítulo 6.- Locura y Maldiciones
Capítulo 7.- Vino en vez de cerveza

2 comentarios:

  1. Pues si toma nota de la hora, yo creo que es por algo. Veremos la importancia que tiene a la hora de descubrir al culpable. ¿Habrá uno solo en realidad?

    Buenas noches

    Bisous

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  2. Se me pasó este comentario madame. Pero nuncaes tarde. Los detalles para Henry son muy importantes.
    Bisous

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Bienvenido. Gracias por tus palabras , las disfruto a tope y además aprendo.

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry

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