"La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo." Isadora Duncan

"Estoy convencido que uno de los tesoros que guardan los años es la dicha de ser abuelo"
Abel Pérez Rojas

"No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela." Albert Einstein

lunes, 10 de junio de 2013

Los expedientes del duque de Blackhouse (Capítulos 3 y 4)


CAPÍTULO 3, EL ENIGMA DEL ESTUDIO

- ¿El agente Giraldo? ¿Qué hacía aquí?
- Le habían contratado - dijo el inspector con una mueca burlona en la cara y encogiéndose de hombros -. Estaba aquí de... vacaciones.

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Tres minutos después estábamos en el segundo piso, era uno de los más grandes. Tenía seis habitaciones, sin contar la del duque, su estudio y el baño. Por las escaleras nos encontramos al agente Giraldo. No era el mismo que hacía un mes. Tenía ojeras y parecía haber adelgazado por lo menos diez kilos.
- ¿No vamos a interrogarle? - pregunté al inspector Miller -.
- Yo ya lo hice, y el inspector Stevenson también. Si quieres hacerlo tú, adelante, pero no te vamos a esperar por eso.
Los dos inspectores se fueron por el pasillo y el signore Riccardi y yo nos quedamos solos frente al agente. Le pedí que entrase en una habitación y que se sentase.
- Por favor agente – comencé como si acabase de conocerle - ¿puede usted contarme todo lo que ocurrió desde que el duque y su mujer volvieron a la mansión?
- Yo me encontraba en el portón grande de la casa, la puerta de entrada, esperando que el duque llegara. Cuando lo hicieron una doncella acompañó a la duquesa a su habitación y yo acompañé al duque a la suya. En cuanto se hubo cambiado de ropa y metido en la cama, me senté en una silla, a la entrada de la habitación.
- La puerta de la habitación, cuando usted se sentó, ¿quedó abierta o cerrada?
- Cerrada pero, ¿por qué es importante saberlo? Estaba yo a la entrada ¿no?
- ¡Chist! El que pregunta soy yo. Sigo. ¿A qué hora estuvo el duque metido en la cama?
- A eso de las doce y cuarenta y cinco. Había llegado a las doce, o sea, cuarenta y cinco minutos antes.
- ¿No oyó ningún ruido anormal en el estudio ni en ninguna otra habitación?
- No... bueno, sí, uno - contestó el agente Giraldo -.
- Explíquese.
- En un momento dado oí unos golpes en el pasillo a la izquierda del estudio. Parecían pequeños golpes de roca sobre el suelo. Me acerqué al otro lado del pasillo pero no encontré nada.
- ¿Cuántas pausas hizo en su vigilancia desde la una menos cuarto hasta las nueve y cuarto de la mañana?
- Dos solamente.
- ¿A qué horas?
- La primera fue entre las tres y las tres y cinco y la segunda entre las siete menos veinticinco y las siete menos veinte. Las dos fueron de cinco minutos y aproveché ambas para ir a beber agua al baño del primer piso.
- ¿A qué hora oyó el ruido como de una roca golpeando el suelo?
- Justo antes de mi primera pausa. Como le he dicho, lo oí, fui a ver y al no encontrar nada volví a mi sitio. Un momento después bajé al baño del primer piso.
- Otro tema, ¿qué personas sabían a qué hora llegaría el duque a casa?
- Hummm... el mayordomo, las doncellas, yo mismo y, por supuesto, su mujer.
- No nos quedan más preguntas, ¿verdad? - dijo el signore Riccardi -.
- Espero que encuentre al asesino, don Enrique - me animó débilmente el agente Giraldo -.
- Eso esperamos, eso esperamos...

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- En el caso de que todo lo que nos ha contado sea cierto y de que no se quedara dormido en su silla... - comenzó el signore Riccardi mientras caminábamos hacia la habitación del duque Blackhouse –,
- … el duque, si hubiera ido de verdad sin compañía al estudio, sólo pudo salir de su habitación entre las tres y las tres y cinco o entre las siete menos veinticinco y las siete menos veinte – concluí yo -.
- Pero el cadáver se encontró a las nueve y cinco, la autopsia se realizó a las diez y veinte y el forense determinó que entonces el duque llevaba muerto más de cinco horas. Es por tanto imposible que hubiera sido asesinado después de las siete menos veinticinco. Mr Blackhouse fue asesinado entre las tres y las tres y cinco, a menos que el asesino sea el agente Giraldo - comentó el italiano -.
- En breve lo averiguaremos.

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Al momento llegamos a la habitación del duque. Los dos inspectores estaban en la puerta esperándonos. A su lado estaba el mayordomo del difunto duque.
- ¡Ya era hora! ¡Llevamos aquí tres meses clavados! - nos gritaron -.
En realidad sólo habían pasado cinco minutos, pero nuestra opinión contaba poco.
La habitación del duque estaba maravillosamente amueblada. La gigantesca cama con dosel ocupaba casi la mitad del espacio, además había varios muebles modernos y una alfombra color esmeralda. Al otro lado de la estancia había un radiador eléctrico de aspecto muy pesado.
La ventana de la habitación estaba abierta de par en par. Me acerqué a ella. Tenía marcas, posiblemente de un fuerte golpe, como si la hubieran cerrado con fuerza y rápidamente.
- Como apuntaba nuestra conclusión - dijo el inspector Stevenson -, el duque salió de su habitación por su pie, quizás le obligaron a caminar hasta el estudio, donde luego le apuñalaron. No hay señales de que arrastraran el cadáver ni de ningún otro tipo en la alfombra ni en el suelo.
Yo cogí una lupa y me puse a examinar la cama.
- As you can see, the bed is not made; the duke had been sleeping here...- comentó el mayordomo.
- Teníamos razón, no hay marcas...- dije -.
- When the policeman discovered that the duke was not in bed, you came here, didn’t you? Was the window opened or closed? - pregunté al mayordomo -.
-Oh, it was closed - me contestó -.
Me acerqué a la puerta de la habitación. Agarré el pomo de la puerta y en ese momento sentí un dolor en la mano. La aparté rápidamente. ¡Me había clavado una astilla! Ah, bueno, sólo una astilla del pomo de la puerta... Pero, ¿desde cuándo se astillan los pomos antiguos de madera de las puertas? Una brillante idea asaltó mi mente. Sí, la ventana con marcas, ningún rastro en la alfombra que casi cubría todo el suelo, el pomo de madera medio astillado por la parte de abajo y el pesado radiador eléctrico al otro lado de la habitación. Con un grito de satisfacción coloqué las piezas del puzle. Fui andando hasta el radiador y desde allí comencé a enrollar la alfombra. Bajo ella apareció un rastro de golpes y arañazos que se extendía por el suelo en dirección a la puerta. El inspector Stevenson abrió la boca pero no pronunció ni una palabra.
- Eso es – dije -. Aún teniendo un policía en la puerta el duque parecía sentirse intranquilo. Después de cerrar la puerta, cerró de golpe la ventana - de ahí las marcas -, apartó la alfombra y desplazó el radiador eléctrico arrastrándolo por la habitación - de ahí los arañazos en el suelo -. Lo apoyó contra el pomo de la puerta - de ahí las astillas -, y luego, para que no se notase nada, extendió de nuevo la alfombra. Y además, creo que...
Me acerqué a la mesilla y abrí el cajón superior. Estaba vacío. Abrí el segundo. Dentro había un pequeño revólver del tamaño de dos puños.
- ¿Lo veis? – dije -. El duque pensaba estar alerta esa noche. Esta pistola en su mesilla lo demuestra. Nada de suicidios.
- Dámela - me dijo el inspector Stevenson -. La guardaré. Ahora, ¿por qué no vamos a revisar el estudio, que es más importante?
Sospeché que no quería oírme hacer nuevas deducciones.

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El estudio era una habitación bastante grande, con aparato de aire acondicionado, un gran escritorio de madera recia y antigua, otra gran alfombra, también de color esmeralda, una silla al lado del escritorio, de respaldo imponente, una ventana y dos grandes armarios. Estaba completamente revuelto. El contenido de los armarios tirado por el suelo, el escritorio y la silla volcados y la alfombra medio volteada y llena de pliegues. Y todo aquello estaba cubierto de papeles: informes, facturas, documentos de mil tipos. Los había a montones, esparcidos en desorden completo.
Las paredes del estudio estaban recubiertas de una especie de colchón fino. En la parte en la que había caído uno de los armarios el colchón y la pintura de la pared se habían rasgado y despegado.
En el centro del estudio, delante de la mesa caída, a un lado de la alfombra, había una silueta hecha de cinta adhesiva
- Alguien estuvo aquí después de la una menos cuarto del día 9 de octubre y lo revolvió todo, pero ¿quién? – se preguntó en alto el detective italiano -.
Me acerqué a la silueta. No tenía nada de especial, los brazos extendidos, la cabeza ladeada y luego el resto del cuerpo.
- ¿Se encontró el puñal? – pregunté -. El resto de los detectives negaron con la cabeza.
- ¿Para qué sirve el acolchado de estas paredes? - preguntó Miller -.
- Supongo que para insonorizar la habitación – respondí -.
- Quieres decir, que si yo gritase aquí con la puerta cerrada, ¿nadie me oiría fuera? Y, que si alguien gritase desde fuera, ¿no se oiría aquí dentro? – dijo el signore Riccardi -.
- Ajá.
- No podemos pensar en un suicidio, el duque no pudo clavarse el cuchillo en la espalda. Además, si hubiera sido así, se habría encontrado aquí el arma.
- Alguien pudo cogerla…, pero dejémoslo. Veamos, la ventana está cerrada por dentro, así que nadie pudo entrar por ahí a menos que luego escapase por la puerta. Pero no hay ningún tipo de marca en ella.
- Por hacer una hipótesis, pongamos por caso que el culpable sea una de las personas del segundo piso: su abogado - míster Wendover -, el hermano del duque - otro Blackhouse -, sus dos hermanas - Patty y Hilda -, el agente Giraldo, el otro abogado - míster Haggard -, o un amigo del duque, el empresario francés Monsieur Houvert. Una de las siete personas.
- ¿Y esto? - dijo de repente el signore Riccardi -.
Bajo uno de los armarios volcados se veía un paquete de cigarrillos de marca inglesa.
- Muy bien, ahora un paquete de cigarrillos. ¿Quién fuma de los siete sospechosos? El agente Giraldo fuma, míster Wendover fuma, míster Haggard fuma, una de sus hermanas, Hilda, fuma, y Monsieur Houvert también fuma. Quedan descartados la hermana menor y el hermano del duque - dijo el inspector Stevenson, guardándose cuidadosamente el paquetito -. Tenemos cinco sospechosos, ¿cuál de ellos es el culpable?


CAPÍTULO 4, LAS INICIALES

- Eh, inspector - dije - ¿Podría ir yo esta vez con el signore Riccardi?
- Mpf, porque eres un inútil, ¿verdad? – me respondió -.
El inspector cedió y el italiano y yo nos quedamos en el estudio, mientras que los dos inspectores se fueron al primer piso.
- Intentémoslo por eliminación. De los cinco que quedan, ¿A cuál podemos tachar primero?
- Hay que encontrar pistas... como ésta - le dije.
Bajo el otro armario había un pequeño pañuelo rojo de seda.
- ¿Tiene alguna inicial? Sí, la letra H.
- Ese pañuelo es inglés, estoy seguro.
- Hummm..., podría pertenecer a tres personas: míster Haggard, Monsieur Houvert y miss Hilda.
- A Monsieur Houvert no le descartamos. Luego está míster Haggard, de quien podría ser. Por último está miss Blackhouse, a la que podríamos tener en cuenta, aunque para una mujer de sesenta y dos años es mucho más difícil matar a un hombre de una o dos puñaladas en la espalda, que para un hombre de cuarenta años.
- De acuerdo. De los siete descartamos a los que no fuman y a la señorita Hilda. Nos quedan cuatro, ¡pero cualquiera de ellos parece posible! El que más posibilidades tuvo para hacerlo fue el agente Giraldo, en cualquier momento antes de las siete menos veinticinco. Le bastó con despertar al duque, obligarle a caminar hasta el estudio, matarle, revolverlo todo y volver a su puesto. Pero, ¿y el pañuelo? De todas formas, no creo que el agente Giraldo fume cigarrillos ingleses, así que no le tengamos en cuenta.
- Lo que nos faltaba – dije - mira.
Bajo el montón de papeles había otro pañuelo, de color verde, inglés y con la letra P.
- P de Patty, Miss Patty Blackhouse – susurré -.
- De acuerdo, de acuerdo, los sospechosos: Miss Patty, Monsieur Houvert, míster Haggard y míster Wendover.
- Con un plano conseguiríamos, sin ser vistos, imaginar las posibilidades que tuvieron estas cuatro personas. ¿Por qué no interrogamos al mayordomo y de paso, le pedimos un plano del segundo piso?
- De acuerdo.

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- Comencemos- dijo el signore Riccardi dirigiéndose al mayordomo -. No tengo buen nivel de inglés, así que, Enrique, hazle un par de preguntas sobre el estudio al mayordomo.
- Where do you sleep? Is it in the first or in the second floor? – comencé -.
- My bedroom is in the third floor, sir.
- Did you come to the second floor after fifteen to one that night?
-No, not for sure - dijo balbuceando -.
- Nos indica - le traduje al italiano - que él duerme en el tercer piso y que no bajó ninguna vez después de la una menos cuarto. Por favor, ¿puedo interrogarle a solas? Sólo un momento.
Él accedió y yo me alejé un poco, pues el estudio era muy grande. El signore Riccardi continuó buscando pistas. Seguí la conversación:
- Okay, listen to me. I want to solve this case and I need your help. Please, tell me the whole truth.
El mayordomo se puso blanco como una sábana.
-Yes...I was...there, but...I didn´t kill míster Blackhouse!
- When did you get to Mr’s Blackhouse room?
- I was in the second floor at three o’clock. I listened some noises, so I got out from my bedroom and went down...- tembló -. The policeman wasn´t there, I entered into Mr Blackhouse´s bedroom, and he wasn´t there either! I thought he was in the studio? But, when I came out from the bedroom, in the shadows, I saw a man coming out precisely from the library. It was a man, I´m positive. I didn´t see clearly who he was, but I could see his brown hair and medium size. I´m sure again. I got there and... the room was a mess. Then, I saw a body under some papers. It was Mr Blackhouse! I went away running to the third floor and tried to sleep. You need to believe me!
-Okay, okay, you can leave. Be quiet, don´t tell anyone about our conversation – contesté -. Le pedí un plano del segundo piso.
El mayordomo se fue y yo me acerqué a signore Riccardi. Le expliqué todo lo que el mayordomo me había revelado.
- Y aquí está el plano - le dije mientras se lo enseñaba -.




- Veamos. Según el mayordomo sólo podía tratarse de un hombre con el pelo castaño y de mediana estatura. Ahora bien, puede ser cierto que él bajara al segundo piso pero que le encontrara vivo en su despacho y entonces le matara. En tal caso, ¿qué habría de los pañuelos y del paquete de cigarrillos?
- Por cierto, creo que ya sé por qué vino el duque al estudio.
- ¿Por qué?
- Hemos quedado en que el estudio está completamente insonorizado, ¿no? Y en que él se supone que oyó un ruido. Pues fíjate en eso.
Señalé la parte de la pared acolchonada que se había desprendido a consecuencia de un golpe al parecer de uno de los armarios al caer. Esa pared daba a la habitación del duque.
- ¡Eso es! Al romperse esa parte del insonorizado, el duque oyó ruidos extraños en el estudio, se levantó de la cama y al no ver al agente Giraldo, vino él solo a la habitación, donde lo apuñalaron. Lo que significa por tanto que el agente Giraldo es inocente. Por otra parte seguro que el duque guardaba aquí algo importante y vino a toda prisa para encontrar al responsable del ruido. Además, ningún pañuelo es del agente y, por supuesto, tampoco fuma cigarrillos ingleses. Esta pista también nos indica que revolvieron el estudio antes de que el duque fuese asesinado - dijo el signore Riccardi.
- Pero las preguntas del millón son: ¿Cuál es el móvil del asesino? y ¿qué buscaba en su estudio?
Me fijé en uno de los montones de papeles que había en el suelo. En la parte de arriba había una llamativa cuartilla, parecía una tarjeta… de felicitación de cumpleaños. Leí la parte de abajo y la firma (estaba en inglés y escrita a mano):

...and enjoy the day,
¡HAPPY BIRTHDAY!
Rogers

- Hummm... ¿Quién es Rogers?
- Su hermano mayor.
En ese momento entró por la puerta el agente Giraldo.
- Don Enrique, signore Riccardi, me envía el inspector Miller. Ha atrapado al asesino.
- ¡¡¿Qué?!! - gritamos el italiano y yo al mismo tiempo.

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Al momento estábamos en la habitación del tal míster Haggard, tal como nos explicó el agente Giraldo.
- Pues sí - dijo con una mirada despectiva el inspector Stevenson -, míster Haggard es el culpable: Primero, fuma y, segundo, en su maleta hemos encontrado el puñal.
Observamos aquella puntiaguda arma. Una reluciente daga persa, curva, con dibujos de dragones. No tenía manchas de sangre, estaba completamente limpia. Detrás de los dos inspectores, míster Haggard - alto y con el pelo negro - se debatía inútilmente entre el agente Giraldo y otro musculoso policía. Gritaba que era inocente.
- Además, también está el pañuelo con la inicial H - añadió signore Riccardi -.
- ¿Y el pañuelo con la letra P? – rebatí -.
- Podríamos especular si supiésemos el nombre del mayordomo. En caso de que su nombre o alguno de sus apellidos empiece por P se confirmaría mi teoría - dijo el detective italiano -. El mayordomo pudo encontrar al duque en el estudio, asestarle una puñalada, revolver el estudio, volver a su habitación e inventarse la historia del hombre con pelo castaño en las sombras. Luego míster Haggard pudo entrar, encontrar el cadáver en el suelo y salir corriendo. De todas formas no había nadie con el pelo marrón y de mediana estatura en la mansión, así que...
- ¿Cómo que no? ¿De verdad?
- Bueno, hombres del segundo piso, no. Míster Haggard y Monsieur Houvert son demasiado altos y con pelo negro, míster Wendover es también alto y rubio, y míster Blackhouse es muy bajito y con pelo blanco. Sólo podría ser el agente Giraldo, que es de mediana estatura y con el pelo marrón, ¡pero no parece probable!
-Pero, ¿qué motivo pudo tener míster Haggard para acabar con el duque?
- A nosotros nos da igual. Hemos resuelto el caso y no vamos a seguir investigando más - dijo el inspector Miller -.
- Estoy pensando, ¿podríamos eliminar al mayordomo de la lista de sospechosos?
¡¡PAM!!
¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH!!!!!
¡¡PAM!!

Precedido por los dos inspectores, bajé al primer piso. El disparo provenía del cuarto de baño, del cual salía en ese momento un horrorizado señor, de unos cuarenta años, alto, delgado, pecoso y con el pelo rubio. Debía de ser el otro abogado, míster Wendover. Tenía la pierna ensangrentada, probablemente por un disparo de revólver.
- Se suicidó, se suicidó...- llegó a decir -. No siguió porque, en ese culminante momento, se derrumbó y cayó de bruces.


CAPÍTULO 1 y 2

PRESENTACIÓN  Y PRÓLOGO


Como podréis comprobar   he dejado programada la entrada de los Expendientes del Duque de Blackhouse , los viernes que falte para no romper su continuidad.
Gracias  a todos los que pasáis por aquí.

5 comentarios:

  1. Que desastre. Me supera la técnica dejé programados tres capítulos para los tres viernes y de momento este ha fallado. Me he conectado un momento e casa de la vecina para ver mis e-mails y a ver como iba la publicación y ahí seguía tan contenta. Así que veremos el viernes que viene.
    Os dejo un cálido abrazo

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  2. "En realidad sólo habían pasado cinco minutos, pero nuestra opinión contaba poco". Delicioso. Eso sí que es humor británico, pura flema. Y además, para mejor ambientar, lo relata con partes en inglés.
    Pobre Giraldo. Me daba mucha pena que sospecharan de él. Mire que como al final sí que resulte ser él, me muero!

    Madame, ya decía yo que era extraño que el fin de semana no aparecieran publicados los nuevos capítulos, pero pensé que se debería a alguno de los misterios contenidos en los expedientes del duque de Blackhouse :)

    Buenas noches

    Bisous

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    Respuestas
    1. Muchas gracias por su paso por este relato.
      Ya casi terminados mis quehaceres salgo de viaje el martes hasta el sábado que viene. Pero he tenido que dejar un casi, porque me he abrasado viva el brazo con aceite hirviendo:-(
      Hasta la vuelta y espero le siga interesando el relato.
      Bisous

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  3. No sé por qué se borró mi comentario. decía que me gustaba como iba incorpoparndo el inglés que creo le servirá para mejorarlo y como nos está liando. Es todo imaginación. Besos y feliz fin de.

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    1. Muchas gracias. Pues no está en colegio bilingue pero sus padres les apuntan a un curso intensivo todos los años, tienen libros y su abuela de apoyo:-) Van muy bien los tres.
      Bss y millones de gracias.

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Bienvenido. Gracias por tus palabras , las disfruto a tope y además aprendo.

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry