"La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo." Isadora Duncan

"Estoy convencido que uno de los tesoros que guardan los años es la dicha de ser abuelo"
Abel Pérez Rojas

Te quiero

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"No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela." Albert Einstein

martes, 14 de julio de 2009

La envidia


Es el sentimiento más destructivo de la persona. Quien es envidioso no puede ser feliz , a menos que lo reconozca que lo es y trate de trabajar para superarlo positivamente.
La Real Academia Española de la Lengua define la envidia como la tristeza o pesar del bien ajeno y la emulación, deseo de algo que no se posee. Un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor sino que al otro le vaya peor. El deseo y afán de posser algo que no se tiene. Esto puede llegar a implicar el deseo de privar de ese algo al otro en el caso de que el objeto en disputa sea el único disponible.
En cualquier caso la envidia nunca produce nada positivo en el que lo padece sino una insalvable amargura.

Leyendo sobre el tema descubrí un artículo que me encantó por lo bien expresado y lo expongo aquí citando la fuente. La imagen pertenece a la misma web (ver el final)

La envidia
La envidia ha inspirado a muchos escritores para escribir grandes dramas, porque es un sentimiento humano que produce verdaderas tragedias. Consiste en la tristeza o pesar que produce en una persona el bien ajeno. Básicamente es un pensamiento negativo deliberado hacia otra persona, que puede tener múltiples razones.
Sabemos que los pensamientos negativos de otros hacia nosotros pueden influenciarnos, aunque solamente si somos influenciables.
Por ejemplo, para que la hipnosis (que es el sueño provocado artificialmente) pueda llevarse a cabo, es necesario no oponer resistencia al dominio del hipnotizador, que tiene el poder de hacernos dormir sin perder la conciencia. Pero no a todas las personas se las puede hipnotizar.
Por lo tanto una buena táctica contra la envidia o cualquier otro sentimiento negativo, es elevar el umbral de influencias externas.
Las personas ostentosas están rodeados de envidiosos pero más que defendernos de ellos tenemos que evitar la ostentación y la vanidad. No olvidemos que la posibilidad de ser víctima de un robo es directamente proporcional al valor de las pertenencias.
Sólo los vulnerables son invencibles en tanto que los que se defienden con uñas y dientes pueden terminar mal parados. La vulnerabilidad es la invencibilidad.
Los débiles no generan sentimientos de envidia o violencia, sólo los fuertes y desafiantes son atacados.
Observemos a los animales. Si Uds. no quieren ser atacados por un perro no tienen que mirarlo a los ojos, porque ellos lo interpretan como un desafío. Como tienen tanto miedo como nosotros, su mejor defensa es el ataque.
No hay que defenderse, hay que entregarse, es lo que nos dicen las recomendaciones de la policía. En un asalto jamás hay que resistirse si uno quiere salvar la vida.
La vida se puede salvar fácilmente entregando la billetera o el auto, porque ningún ladrón en su sano juicio quiere complicarse aún más la vida. Sin embargo, aunque parezca mentira, muchos se exponen para salvar su auto.
La persona envidiosa tiene básicamente un problema de identidad; quiere ser el otro y tener lo que él tiene; y como no puede, ni está dispuesto a hacer lo que tiene que hacer, sufre y se entristece por el bien ajeno.
Todos los días tenemos experiencias de esta naturaleza cuando notamos que a algunas personas que nos conocen les molesta que nos vaya bien haciéndonos notar su desagrado.
Es lamentable que muchos prefieran escuchar nuestras frustraciones antes que nuestros éxitos, que es una forma de consolarse de la propia decadencia, porque siempre va a ser más fácil superar a un fracasado que a un exitoso.

Un cuento para pensar...
Asesinato en el Circo
Eran gemelos idénticos y habían nacido en un circo, fruto del amor de una pareja de trapecistas.
La vida de uno de ellos giraba alrededor de ese mágico escenario de arena y había logrado fama como payaso. El otro era el exitoso propietario del circo.
Desde niños, como un juego, acordaron reemplazarse mutuamente en sus roles y nunca alguno había notado la diferencia. No obstante, no reinaba el amor entre ellos sino la envidia, y aunque ambos a su manera eran famosos, ese maligno sentimiento había logrado oscurecer sus corazones.
Una fría y oscura noche de invierno, después de la función, cuando todos estaban entregados al reposo, una filosa hoja de cuchillo brilló a la luz de la luna. El certero impacto, cercenó el corazón de uno de los hermanos que descansaba confiado.
El otro no lloró en el funeral, pero en el fondo de sus ojos se podía ver una sombra.
El crimen nunca se esclareció y tampoco nunca se supo con certeza, quien de los dos había muerto.

2 comentarios:

  1. Está muy bien recogida y planteada esta entrada. La envidia está entre los 7 pecados capitales de los españoles (De Fernandez Diaz Plaja, best seller en su momento) y si mal no recuerdo ocupa el 1º lugar. El colmo ya es cuando nos felicitamos y alegramos del mal del otro. Gracias por el recordatorio.

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  2. Gracias A.L. Me encantó esta pagina de psicología. Merece la pena echarle un vistazo.He leído mucho sobre este tema y la verdad aclara bastante y de manera clara este sentimiento tan destructivo; más para el que la padece pero no exime al que lo sufre, hasta que éste lo entiende.

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Bienvenido. Gracias por tus palabras , las disfruto a tope y además aprendo.

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry