"La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo." Isadora Duncan

"Estoy convencido que uno de los tesoros que guardan los años es la dicha de ser abuelo"
Abel Pérez Rojas

"No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela." Albert Einstein

Forman parte de la orquesta

lunes, 2 de febrero de 2009

Draculito fanfarrón









Cuando empiezo así este relato, seguro que os estáis imaginando a un niño con dientes afilados y una capa negra. Pero no es así ni mucho menos. Draculito era un niño inquieto, y quien sus papas le pusieron cariñosamente ese mote. En realidad su nombre verdadero era Daniel.
Era un niño muy espabilado y listo y pasaba largas horas leyendo historietas de Drácula que era su personaje favorito. Cuando volvía del colegio nada más bañarse se ponía a leer. “Ya está Draculito ensimismado en su tebeos, y sus padres querían que leyera otros libros de cuentos o de historietas.
Durante las vacaciones le mandaban sus padres a veranear con sus abuelos a quienes el quería mucho, porque allí podía leer, jugar, y sus abuelos le dejaban un poco a hacer lo que el quería. ¡Estaba de vacaciones!

Sus abuelos tenían una casita en la sierra y David disfrutaba con otros niños yendo a un riachuelo que corría con agua no muy limpia, pero se podían pescar carpas, montar en bici, jugabar a la pelota e ir a la piscina.
Un día durante las vacaciones madrugó un poco más, y le dijo a su abuela que le preparase unos bocadillos ricos como los que ella hacía porque no vendría a comer. Había quedado con su pandilla en hacer una excursió a los pies de una montaña cercana en sus bicis. En su imaginación se había inventado que en esa montaña vivió su personaje favorito y así se lo contó a sus amigos, que echaron unas buenas carcajadas. “Aquí draculito el fantástico y sus historietas” jajá. “Vamos allá a la temible aventura a descubrir no se que dijeron todos” y se fueron cantando hacía la montaña. Llegaron sudorosos, cansados de tanto pedalear a una bonita explanada al pie de la montaña. Y dieron buena cuenta de sus bocadillos. Tenían hambre de verdad. Durante la comida David contó cantidad de historietas fantásticas que había leído y otras se las inventaba sobre la marcha, porque tenía mucha imaginación. Tanto les contó que a sus amigos les entró un poco de miedo y decidieron que era mejor volver a casa.
David se rió de todos ellos, “Sois unos cobardicas, me quedaré yo solo un rato más. Iros si queréis. Voy a ver si me encuentro con Drácula, que es mi amigo y yo no le tengo miedo”. Así que Daniel se fue a explorar la montaña. Sus amigos no fueron con el pero le dijeron que le esperarían. Cogió un senderito y a medida que subía el caminito era más estrecho, difícil y escarpado. Al final del todo contuvo la respiración, se encontró delante de una cueva pequeña excavada en la roca. Un escalofrío recorrió su cuerpo.” No debí de subir solo y de alejarme del grupo pensó”. Se quedó unos instantes pensativo. “Entro o salgo corriendo se dijo, que tontunas pienso, yo soy un chico valiente” al menos eso es le dijo a sus amigos cuando les llamó cobardicas. Se asomó a la cueva y no parecía muy grande, ni era oscura. La luz entraba de sobra por una hendidura o grieta y se podía ver con bastante claridad. Alguien había estado porque dejó una fogata apagada. Olía todavía a humo. Igual algún pastor con su rebaño utilizó el lugar para pasar la noche. Quizás otros chicos habían acampado allí para seguir el camino al día siguiente.
Como era un bromista pensó contar una historia a sus amigos. Que se encontró con Drácula, le saludó y él le había dado de recuerdo una estaca manchada de sangre. Se hizo una pequeña heridita, la manchó con su sangre y bajo a toda prisa a asustar a sus amigos, que seguían allí esperándole. Les contó lo que le había pasado y les retó a que subieran como él , si es que eran valientes. Camino de regreso a la urbanización también presumió con otros chicos de su odisea, comentando lo valiente que había sido. Su abuelo también escucho la narración le dijo: “David, porque cuentas esas historias que no son verdad, asustas a los demás y te engañas a ti mismo. Los niños hacen muy en ser prudentes y no arriesgarse, eso no es ser miedica ni ser cobarde. Eso se llama obedecer a los padres Yo que tu no presumiría tanto y les contaría a todos la verdad. Piénsatelo”
Pero David pensaba que si hacía lo que decía su abuelo se iban a reír de él y prefirió callar la verdad.
El abuelo se animó a contar la verdad a los chicos y les dijo que David tenía mucha imaginación y le encantaba inventar historias, Y que había pensado darle un buen susto a su nieto para fuera más prudente. Trazó un plan con los demás niños y disfrazaron a uno de Drácula y le escondieron en la cueva.
Sus compañeros le animaron a subir de nuevo “A ver David si es verdad que no tienes miedo, eres atrevido y subes de nuevo tu solo a la cueva, y le devuelves la estaca a tu amigo Drácula”.
David se sintió muy orgulloso que todos se creyeran que era un valiente, no dudó. Cogió la estaca y subió al monte demostrando a todos su inventado valor. “Nosotros subiremos a medio camino, solo hasta dónde se pueda ver la entrada a la cueva porque tenemos miedo” dijeron sus compañeros.
David entró distraído a la cueva, oyó un ruido y vio petrificado como una figura se le acercaba desde el fondo de la cueva emitiendo unos sonidos extraños. No se creía lo que veían sus ojos. Tenía al mismísimo Drácula de los tebeos delante de el, se le cayó la estaca mientras salía despavorido dando gritos y corriendo sin parar hasta dónde estaban sus amigos.
“¿Qué te pasa valiente, intentas hacernos creer que has visto a Drácula otra vez?
No te creemos, eres un embustero y un teatrero, sabemos que te inventaste la historia, que Dracula solo existe en tu imaginación y en los tebeos.
Bajaron todos al pueblo sin hablarle. Por más que el decía que había visto a Drácula de verdad nadie le hizo caso. Reconoció que el otro día les había mentido, pero ahora era cierto que le había visto, drácula estaba allí y que el sintió mucho miedo. Pero de nada sirvió su explicación. Nadie le creyó.
David aprendió la lección, desde entonces ya no presumió de valiente y Drácula dejó de ser su personaje favorito, prefería mil veces más a Superman, o Zipi y Zape.
Muchos años después cuando David ya iba a la Universidad su abuelo le contó la verdad. Habían disfrazado a Pedro de Drácula, para enseñarle ser más prudente, y a no inventar historias de miedo.
El ya casi había olvidado la Cueva de los Rebaños que así se llama hoy, y a dónde suben todos los niños de la urbanización a jugar al escondite.

2 comentarios:

  1. Los mejores dibujos son los mios..... los de Meli... yujuuuuuuu Me acuerdo perfectamente de Bugsy y mucho mas de mi mesa donde pintaba, la roja y blanca... me acuerdo hasta de pintar la seta! ahhhhh Que tiempo aquellos. Espero leerselos algún día a mis niñas y que ellas pinten también a Bugsy

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  2. Hece muchos dias que no me he dado una vuelta por aquí. Esto tiene color. Te animo a seguir!!!

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Bienvenido. Gracias por tus palabras , las disfruto a tope y además aprendo.

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry

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