"La mejor herencia que se le puede dar a un niño para que pueda hacer su propio camino, es permitir que camine por sí mismo." Isadora Duncan

"Estoy convencido que uno de los tesoros que guardan los años es la dicha de ser abuelo"
Abel Pérez Rojas

"No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela." Albert Einstein

Forman parte de la orquesta

jueves, 1 de enero de 2026

Un paseo por el Parque del Retiro en Otoño




Me encanta el Parque del Retiro en todas las estaciones. Pero tengo que reconocer que el Otoño es más fotográfico.El otoño en En el Parque del Retiro es un espectáculo de colores cálidos y suaves. Las hojas de los árboles se tiñen de tonos rojizos, dorados y anaranjados, creando una alfombra natural por los senderos. Los reflejos en los estanques añaden una atmósfera mágica, mientras la luz del sol baja, filtrándose entre las ramas, resaltando la belleza efímera de la estación. Es un lugar perfecto para capturar la esencia del otoño en su máxima expresión. Las fotos hablan por sí mismas.








Algunas plantitas  conocidas y otras que me llamaron la atención 



miércoles, 17 de diciembre de 2025

Carta de Jesús en Navidad



Como sabrás, nos acercamos nuevamente a la fecha de mi cumpleaños.
Todos los años se hace una gran fiesta en mi honor y creo que en este año sucederá lo mismo. En estos días la gente hace muchas compras, hay anuncios en la radio, en la televisión. En todas partes no se habla de otra cosa, sino de lo poco que falta para que llegue ese día.
La verdad, es agradable saber que al menos un día del año algunas personas piensan un poco en mí. Como tú sabes, hace muchos años empezaron a festejar mi cumpleaños. 

Al principio no parecían comprender y agradecer lo mucho que hice por ellos, pero hoy en día muy pocos son conscientes de para qué lo celebran. La gente se reúne y se divierte mucho, pero no sabe de qué se trata.
Recuerdo el año pasado, al llegar el día de mi cumpleaños hicieron una gran fiesta en mi honor. Había cosas muy Había cosas muy deliciosas en la mesa, todo estaba decorado y recuerdo también que había muchos regalos; pero, ¿sabes una cosa?, ni siquiera me invitaron. Yo era el invitado de honor y ni siquiera se acordaron de invitarme. Ni siquiera se molestaron en bendecir la mesa. 

La fiesta era para mí y cuando llegó el gran día me dejaron afuera, me cerraron la puerta..., y yo quería compartir ese momento con ellos.
La verdad, no me sorprendí. Porque en los últimos años todos me cierran la puerta. Y, como no me invitaron, se me ocurrió entrar sin hacer ruido. Entré y me quedé en el rincón. Estaban todos bebiendo, había algunos ebrios contando chistes, carcajeándose. Lo estaban pasando en grande. Para colmo, llegó un viejo gordo vestido de rojo, de barba blanca y gritando ¡Ho-Ho-Ho-Ho! Parecía que había bebido de más. Se dejó caer pesadamente en un sillón y todos los niños corrieron hacia él diciendo: "¡Santa Claus, Santa Claus!" "Papá Noël, Papá Noël!" ¡Como si la fiesta fuese en 
su honor!

Llegaron las doce de la noche y todos comenzaron a abrazarse; yo extendí mis brazos esperando que alguien me abrazara y .... ¿sabes? Nadie me abrazó...
De repente todos empezaron a repartirse los regalos, uno a uno los fueron abriendo, hasta que se abrieron todos. Me acerqué para ver si de casualidad había alguno para mí.
¿Qué sentirías si el día de tu cumpleaños se hicieran regalos unos a otros y a tí no te regalaran nada? Comprendí entonces que yo sobraba en esa fiesta, salí sin hacer ruido, cerré la puerta y me retiré.

Cada año que pasa es peor, la gente sólo se acuerda de la cena, de los regalos y de las fiestas, y de mí nadie se acuerda. Quisiera que esta Navidad me permitieras entrar en tu vida, si quiera que reconocieras que hace casi dos mil años que vine a este mundo para dar mi vida por tí en la cruz y de esta forma poder salvarte. Hoy sólo quiero que tú creas esto con todo tu corazón.

Voy a contarte algo, he pensado que como muchos no me invitaron a su fiesta, voy a hacer la mía propia, una fiesta grandiosa como la que jamás nadie se imaginó, una fiesta espectacular.

Todavía estoy haciendo los últimos arreglos, por lo que este año estoy enviando varias invitaciones y es este día, hay una invitación para tí. Sólo quiero que me digas si quieres asistir, te reservaré un lugar, y escribiré tu nombre con letras de oro en mi gran libro de invitados. En esta fiesta sólo habrá invitados con previa reserva, y se tendrán que quedar afuera aquellos que no contesten mi invitación.

Prepárate porque cuando todo esté listo, daré la gran fiesta. Hasta pronto. Te espero... en Navidad, en la Eucaristía, en el pesebre, en la oración y en el bien que hagas en favor de los demás

JESÚS DE NAZARETH

David (Párroco)

La mayoría de las personas no sabe que se celebra en Navidad. Se piensan que la Navidad es reunirse la familia, los amigos y darse regalos 


lunes, 8 de diciembre de 2025

Antojos


Esta mañana desperté con antojo de algo que no se cocina en ollas, ni se hornea con recetas exactas… Desperté con antojo de paz. De esa que huele a café recién hecho y sabe a pan calientito, con la mantequilla derritiéndose como los miedos cuando los abrazas con calma.

Me serví un poco de silencio tibio, como ese atole que reconforta el alma cuando el mundo se siente frío.
Y mientras miraba por la ventana, me di cuenta de que cada día nuevo es como una cocina abierta: Tú decides qué sabor tendrá tu historia.
Hoy me quiero preparar una vida que huela a esperanza y tenga el sazón de la ternura. Una vida donde la gratitud sea el postre diario, dulce, suave, a veces con trocitos de nostalgia, pero siempre honesta.
Una vida que sepa a domingo lento, a comida hecha en casa, a sobremesa con risas y ojos brillando.
Porque vivir también es eso: elegir con qué aliñar tus pensamientos, qué emociones poner al fuego lento, qué sueños hornear sin prisa. Y si te sale amargo el día, échale azúcar de paciencia, unas gotas de amor propio, y un puñito de fe.
Que no se te olvide: tú eres la chef de tu alma, la que mezcla, remueve, corrige el fuego. Tú decides si el día te sabe a miedo… o a milagro.

Anónimo

domingo, 16 de noviembre de 2025

Vecinos




“Ella era la vecina que siempre me prestaba azúcar. El día que murió, encontré un sobre en mi puerta: ‘Gracias por dejarme sentir útil’.”
Nunca supe su nombre completo. Durante cinco años fue simplemente "la señora del 3B", aunque ella insistía en que la llamara Martha.
La primera vez que tocó mi puerta fue un martes por la tarde. Yo acababa de mudarme y tenía cajas por todos lados.
—Disculpa, querido —dijo con esa voz suave que llegaría a conocer tan bien—. ¿No tendrás una taza de azúcar? Se me acabó y estoy haciendo un pastel para mi nieta.
—Claro, claro. Espera un momento.
Busqué entre mis cosas hasta encontrar el azúcar. Cuando regresé, ella sonreía con las manos entrelazadas.
—Eres un ángel —me dijo, tomando el recipiente—. Te lo devuelvo mañana sin falta.
Y lo hizo. Al día siguiente apareció con mi recipiente lleno y tres galletas envueltas en papel encerado.
—Las hice de más —explicó, aunque ambos sabíamos que era mentira.
Eso se convirtió en nuestra rutina. Cada dos semanas, más o menos, Martha tocaba a mi puerta.
—Ay, qué vergüenza —decía siempre—. ¿Tendrás azúcar? Hoy sí que se me olvidó comprar.
Al principio me lo creí. Pero después de la sexta o séptima vez, noté que siempre me devolvía el recipiente lleno. Una vez, incluso, la vi en el supermercado con un paquete de azúcar de dos kilos en su carrito.
Nunca le dije nada. Simplemente le daba el azúcar, recibía mis galletas al día siguiente, y compartíamos cinco minutos de conversación en el pasillo. Me contaba sobre su nieta, sobre sus plantas, sobre la pareja joven que acababa de mudarse al segundo piso.
—Es bonito tener vecinos amables —me dijo una vez—. Hace que uno se sienta parte de algo, ¿sabes?
El último martes, Martha no vino. Tampoco el siguiente. La tercera semana, encontré una ambulancia frente al edificio. Los paramédicos salían del 3B moviendo la cabeza con solemnidad.
La señora Rodríguez del 2A me lo confirmó:
—Fue pacífico, en su sueño. La nieta dice que no sufrió.
Esa noche no pude dormir. Seguía esperando el toque en mi puerta, su voz pidiendo disculpas por molestar.
A la mañana siguiente, había un sobre blanco pegado a mi puerta con cinta adhesiva. Mi nombre estaba escrito con una caligrafía temblorosa pero cuidadosa.
Lo abrí con manos temblorosas. Dentro había una sola hoja de papel:
Querido vecino,
Gracias por dejarme sentir útil.
Después de que murió mi esposo, los días se volvieron muy largos. Mis hijos viven lejos, mi nieta tiene su propia vida. Dejé de cocinar porque ¿para qué? Dejé de salir porque ¿a dónde?
Entonces llegaste tú. Y descubrí que si tenía una razón para hacer galletas, una excusa para tocar a tu puerta, entonces el día tenía propósito.
Perdona el engaño del azúcar. Espero no te haya molestado. Solo necesitaba sentir que alguien me necesitaba, aunque fuera por una taza de azúcar.
Gracias por tus sonrisas, por tu paciencia, por esos cinco minutos en el pasillo que hacían que la soledad pesara menos.
Con cariño,
Martha

Doblé la carta y la guardé en mi bolsillo. Luego caminé hasta la tienda de la esquina y compré azúcar. Un paquete grande.
Cuando regresé, toqué a la puerta del 2A. La señora Rodríguez abrió, sorprendida.
—Hola —le dije—. No tendrás una taza de azúcar, ¿verdad? Se me acaba de terminar.
Ella parpadeó, confundida. Entonces vio algo en mi expresión y sonrió lentamente.
—Ay, qué casualidad. Justo iba a pedirte lo mismo. Pero pasa, pasa. ¿Te apetece un café?
Entré. Y por primera vez en cinco años, entendí realmente lo que Martha había tratado de decirme.
A veces la gente no necesita azúcar. Solo necesita saber que importa.
¿Ustedes han tenido una experiencia así?

Del muro de Giselle Domínguez.




“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry

“EL TIEMPO QUE PERDISTE POR TU ROSA HACE QUE TU ROSA SEA TAN IMPORTANTE”. Saint-Exupéry
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